Día Mundial de las Personas Refugiadas

En el año 2001, las Naciones Unidas declararon el 20 de junio como Día Mundial de las Personas Refugiadas. El objetivo era sacar del olvido la dramática situación que viven en el mundo millones de personas refugiadas, desplazadas en el interior de sus países, solicitantes de asilo y apátridas.

Cada año, el Ayuntamiento de Barcelona, junto con entidades y otras instituciones, conmemora esta festividad para visibilizar la realidad de todas las personas forzadas a huir de su casa a causa de conflictos armados y violencia o por motivos religiosos, políticos, étnicos, de género o de orientación sexual.

Este año, se suman a la celebración otras entidades y colectivos de la ciudad que también apoyan a las personas migrantes o refugiadas. Su labor y las actividades que han organizado muestran cómo la solidaridad empieza al lado de casa y en los espacios comunitarios, con pequeñas grandes acciones.

Para que Barcelona sea una ciudad refugio y una ciudad acogedora, debe reforzar el conocimiento de la diversidad de causas que originan los desplazamientos forzados, reflejar la realidad del refugio en nuestra casa y reivindicar la urgencia de vías seguras de llegada a territorio europeo. Este es el triple objetivo de esta página y del programa de este mes.

Noticias

21/06/2017 - 17:43

Un día para compartir y agradecer el compromiso permanente de la ciudad con la acogida

Conmemoración. El acto institucional del Día Mundial de las Personas Refugiadas sirvió para visibilizar las múltiples causas del refugio y poner de relieve la tarea de sensibilización y de acogida que desarrollan las entidades y la...

16/06/2017 - 16:37

Cerca de setenta millones de personas no pueden volver a sus hogares

Refugio. El informe anual de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado radiografía la situación del refugio y el asilo en Europa y España, y pide un pacto de estado para reaccionar ante el mayor éxodo humano de la historia de la...

Manifiesto por el Día Mundial de las Personas Refugiadas

El mundo vive una etapa convulsa en la que confluyen acontecimientos de diferente naturaleza, todos ellos con un denominador común: la violencia que generan.

Las guerras, pero también la inestabilidad política, la discriminación, los desastres naturales, la pobreza extrema y, en definitiva, la vulneración de los derechos humanos impiden llevar una vida digna a millones de personas en todo el planeta.

Estos hechos empujan a las poblaciones de los países que los sufren a buscar una oportunidad de sobrevivir lejos de su casa.

Paralelamente, Europa da la espalda a estas personas, y pone en duda la eficacia de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, que firmaron los estados hace más de sesenta años para garantizar la protección de las personas refugiadas. La reacción de una parte de Europa ante la muerte, inadmisible e injusta, de miles de personas cuando intentan llegar a sus puertas ha sido la de reforzar los controles y poner obstáculos en la entrada.

Cada valla, cada muro, cada concertina pone en riesgo la vida de otro que no conocemos y a quien negamos su derecho a buscar refugio o una vida digna, mediante el miedo, la represión, la limitación de movimiento. Por eso exigimos, una vez más, el establecimiento de vías seguras. La falta de vías legales y seguras de llegada a la Unión Europea hace que miles de personas pongan su vida y la de sus familias en manos de mafias sin escrúpulos, en un viaje incierto por el que han tenido que pagar un precio mucho más caro que un billete de avión.

Como cada año, en esta fecha, hay que recordar que la comunidad internacional y, por lo tanto, el Estado español tiene que reconocer, respetar, proteger y garantizar los derechos de las personas que, teniendo un temor fundado de ser perseguidas por motivos de raza o etnia, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social determinado, por ejemplo, por la identidad de género o la orientación sexual, se ven obligadas a huir del país en el que residen en busca de la protección internacional. Esta debería asegurar el acceso igualitario y el disfrute de sus derechos más fundamentales con todas las garantías y eficacia.

Exigimos una solución global y estructural por parte del Estado que garantice la aplicación efectiva del derecho de asilo. Es urgente e indispensable fortalecer las políticas de acogida y de inclusión social para las personas que han conseguido llegar a nuestra casa buscando protección, para asegurarles un apoyo continuo, previsible y sin obstáculos. Es preciso un mayor compromiso de todas las administraciones públicas hacia las personas refugiadas, y no la utilización de los recién llegados como chivo expiatorio del desmantelamiento del estado de bienestar o como un arma de confrontación ideológica o partidista. Además, hay que hacer frente al discurso del miedo y del cierre, que ha proporcionado rédito político a los populismos xenófobos en América y Europa. Por eso, también son necesarias más campañas institucionales que desmonten los prejuicios y falsos estereotipos con relación a las personas que llegan a nuestra casa.

Exigimos al Estado el cumplimiento de su compromiso de acoger, como un primer paso, y antes del 26 de setiembre de 2017, a las 17.337 personas procedentes de los campos de Grecia e Italia, denunciar el acuerdo vergonzoso que firmó la Unión Europea con Turquía, y del que es cómplice, así como cualquier otro que se plantee en los mismos términos y cualquier acto de represión en las fronteras y los campos.

La realidad del refugio en Cataluña y, en especial, en Barcelona esconde un hecho no tan mediático y a menudo invisibilizado: la multiplicidad de motivos de la huida más allá de la guerra, como la orientación sexual, la identidad religiosa o la misma ideología, así como la multiplicidad de procedencias, como Ucrania, Honduras, Pakistán, Venezuela o el Sahara. Miles de personas que ya viven con nosotros y entre nosotros y a quienes no siempre dirigimos nuestro deseo de acogida.

En Cataluña ya hace casi tres años y medio que tenemos un plan de protección internacional aprobado por la Generalitat de Catalunya en acuerdo de gobierno. Este plan, que está a punto de finalizar, ya que fue ratificado para una duración de cuatro años, sigue sin definir acciones con líneas de actuación claras, indicadores para medir su cumplimiento y dotación presupuestaria para llevarlo a cabo.

Aunque Barcelona trabaja para intentar dar la mejor respuesta, se necesita más implicación de todos los actores para completar y desarrollar el nivel de asistencia y protección de las personas refugiadas, dentro de los marcos legales que así lo permitan, y propiciar el apoyo, la relación y la participación de la ciudadanía comprometida que se moviliza en los barrios de nuestra ciudad para tejer una red ciudadana de solidaridad.

Las entidades que participamos en este acto seguiremos trabajando a favor de las personas refugiadas, desplazadas, apátridas, reasentadas y retornadas, para que se respeten los derechos tanto en nuestra casa como fuera de nuestras fronteras, y, para defender los derechos de este colectivo en situación de vulnerabilidad, seguiremos exigiendo a los poderes públicos que mejoren y amplíen las leyes que regulan el derecho al asilo y su aplicación efectiva.

Barcelona, 20 de junio de 2017

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