Menores, solos y desprotegidos

Menores, solos y desprotegidos

23/02/2017 - 11:12

Redacció

Infancia. Visitamos la fundación Bayt al-Thaqafa, que trabaja en Barcelona con niños y jóvenes extranjeros que han recorrido solos el trayecto migratorio hacia Europa.

En la sede de la Fundación Bayt al-Thaqafa hablan con orgullo de “sus” chicos: son valientes, son resilientes y tienen una fuerza que los hace capaces de sobrevivir y salir adelante en las situaciones más adversas. Explican el caso de Abdullah, que quería ver qué pasaba con la crisis de los refugiados y viajó hace poco por toda Europa haciéndose pasar por sirio. Y el de Mohamed, un joven ex tutelado que trabaja desde hace tiempo en una empresa y actualmente entrena el equipo de fútbol de la entidad. Hay muchos casos complicados, afirman, pero también muchos ejemplos de éxito. Y denuncian que es un colectivo muy invisibilizado, que genera poca simpatía y al cual se debería facilitar el tránsito hacia la vida adulta y la autonomía.

De los MENA (menores extranjeros no acompañados), se vuelve a hablar coincidiendo con la crisis humanitaria de los refugiados. Nunca antes había habido una proporción tanto alta de niños y adolescentes en los flujos migratorios hacia Europa. De los más de 1,3 millones de personas que solicitaron asilo en la Unión Europea (UE) en el 2015, más de 400.000 no habían cumplido 18 años. De todos estos, 96.595 (uno de cada cuatro) habían realizado el trayecto solos, sin los padres o ningún adulto que se hiciera responsable, cuatro veces más que durante el año anterior.

Las estadísticas de Eurostat ofrecen una radiografía simple: más del 90% de todos estos menores no acompañados eran niños; el 13% tenía menos de 14 años, y más de la mitad tenían entre 16 y 17 años; la mitad eran de nacionalidad afgana, y el 16%, sirios; cuatro de cada diez solicitaron asilo en Suecia, y el 16%, en Alemania.

Sin embargo, lo que las estadísticas de asilo europeas no tienen en cuenta son los miles de menores que entran solos y de forma irregular en Europa pero no solicitan protección internacional. Un informe del 2015 de la Comisión Europea (“Polices, practices and data on unnacompanied minors”) admite que no hay datos claros, que seguirles la pista es difícil y que muchos no son detectados por los radares de las administraciones.

Algunos de ellos podrían ser candidatos a solicitar protección, pero no lo hacen por varios motivos: falta de información sobre sus derechos, miedo a ser repatriados si los localizan, miedo a que les denieguen la protección, miedo a que los devuelvan al primer país de entrada en la UE o a causa de algún trauma sufrido. En España únicament la solicitaron 25 de los 3.341 menores extranjeros solos tutelados durante el 2015 (452 niñas y 2.889 niños), según la memoria del 2016 de la Fiscalía General del Estado, que hace el recuento de los que están registrados en las diferentes comunidades autónomas, pero no de todos los que han cruzado las fronteras españolas.

El estudio europeo intenta averiguar también cuáles son los motivos de la huida de sus países de origen y lo que los impulsa a Europa. Los abandonan a menudo en el marco de un proyecto familiar y por los mismos motivos que los adultos (guerra, violencia, miseria, falta de expectativas de futuro) y otros más específicos: violencia doméstica, reclutamiento como niños soldados o matrimonios forzados. El motivo por el cual escogen un estado de llegada en concreto son la reunificación familiar, la voluntad de añadirse a la diáspora de su país de origen o la esperanza de encontrar trabajo y tener un futuro y una educación mejores.

Este es el caso de muchos de los chicos a los que atiende la Fundación Bayt al-Thaqafa. “En las entrevistas que les hago, el 99% de los chicos me dicen que vienen a Barcelona porque les gusta el Barça. Es una manera simbólica de expresarlo: es la Barcelona del Barça que han visto en las imágenes de la televisión lo que los llama. Piensan que tendrán oportunidades”, afirma Àlex Blasi, técnico de la fundación y responsable del proyecto de acogimiento de niños y adolescentes extranjeros tutelados y ex tutelados. Bayt al-Thaqafa, que tiene sede en Barcelona y en Sant Vicenç dels Horts, atendió a 105 el año pasado. Todos eran chicos y, excepto algún argelino, casi todos eran de nacionalidad marroquí.

El trayecto hacia Europa de los menores no acompañados sigue la misma ruta que los adultos, pero los riesgos a que se exponen los chicos son mayores. Las organizaciones internacionales centradas en la infancia alertan sobre los abusos, la violencia y la explotación económica o sexual.

También son arriesgados los medios: se agotan haciendo largas caminatas, cruzan el mar en barcas precarias, se colan en trenes y autobuses y viajan de polizones en barcos mercantes. En España, y según datos de la Fiscalía General del Estado, se ha incrementado otra vez el número de los que atraviesan el estrecho de Gibraltar en patera: en el 2015 se localizaron a 414 menores, un 85,6% más que en el 2014 y un 85% más que en el 2013. No se sabe cuántos consiguen entrar por Ceuta y Melilla, escondidos en vehículos o a través de otras vías, con el objetivo de colarse después en barcos y ferris hacia la Península.

Muchos de los que llegan a Barcelona han salido mayoritariamente del puerto de Tánger, afirma Blasi. “Cruzan el Estrecho en un ferri bajo un camión. El viaje puede durar años. Tengo chicos que se han pasado años durmiendo en el puerto de Tánger debajo de coches o en la montaña del Gurugú [Melilla] esperando una oportunidad. Eso los afecta mucho, físicamente y psicológicamente”, explica el técnico.

Dos cosas han cambiado estos últimos años, según la experiencia de Blasi: el acuerdo con Mauritania y el riguroso control policial han hecho que ya no lleguen aquí menores subsaharianos que antes hacían la ruta migratoria irregular a través de las Canarias. En cambio, llegan desde Italia. Estos chicos han recorrido un largo trayecto a través de Malí y Argelia hasta llegar a Libia, donde se han embarcado. Una vez en Italia, han viajado en bus o en trenes hasta aquí. La mayoría llegan indocumentados y con certificados de entrada en Italia que garantizan que son mayores de edad.

Situación en España

La crisis humanitaria ha puesto en evidencia las deficiencias de la política de extranjería, asilo y acogida española con respecto a la protección de los niños. Informes recientes de UNICEF y de Save the Children se centran en la situación de los menores extranjeros en España, sean o no refugiados, y alertan de que las leyes y las prácticas para controlar los flujos migratorios a menudo se encuentran en contradicción con las de protección de los niños. Las dos organizaciones coinciden en denunciar que se antepone su condición de extranjeros, inmigrantes o refugiados al hecho de ser niños o niñas.

En el caso de los menores acompañados solicitantes de asilo, consideran que el programa de acogida estatal no está adaptado a las necesidades de las familias y no tiene un enfoque específico para la infancia.

Con respecto a los menores no acompañados, Save the Children es tajante: “La España del siglo XXI incumple de forma recurrente sus responsabilidades legales de protegerlos.” UNICEF cuestiona en particular el hecho de que tan pocos niños solos accedan al sistema de protección internacional y critica que ni se les facilita bastante información ni hay una actitud proactiva para detectar si la necesitan, mientras que obtener el estatuto de refugiado evitaría que fueran expulsados de España cuando llegaran a la vida adulta.

El año 2015 una de cada cuatro solicitudes de asilo que se presentaron en España fueron de menores (3.750 de un total de 14.887), más del triple que el año anterior. La gran mayoría tenían menos de 13 años y eran hijos de familias extensas originarias de Siria y Ucrania.

De todos ellos, solo 25 habían llegado solos al Estado; 15 eran de nacionalidad siria y 5 de nacionalidad afgana (de los 5 restantes no se tienen datos). De hecho, la proporción de menores no acompañados sobre el conjunto de menores de edad solicitantes de asilo es anecdótica, y es la más baja con gran diferencia de todos los países de la UE: solo el 0,7%. La media de la UE es del 23%. En Francia, el segundo país donde la media es más baja, es del 2,4%.

Tanto si solicitan protección internacional como si no lo hacen, los menores extranjeros no acompañados son derivados a los servicios de protección de menores. En el momento en el que las autoridades lo detectan, el menor es declarado en situación de desamparo y la comunidad autónoma donde se encuentre pasa a ser su tutor legal y la responsable de protegerlo. En Cataluña se ocupa de ellos la Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia (DGAIA), que entre los años 2011 y 2015 atendió a 1.816. La mayoría eran chicos, marroquíes, con un nivel de estudios muy bajo y una edad media de 16 años.

A menudo uno de los problemas es la edad. La Ley de Extranjería obliga a someterlos a pruebas para determinarla en caso de que estén indocumentados. La más habitual es realizar una radiografía de la muñeca para determinar la medida de los huesos y, a partir de ahí, la edad. Los errores de diagnóstico son frecuentes, lo que conlleva el riesgo de que chicos menores sean considerados mayores y acaben en la calle.

Bayt al-Thaqafa se ha encontrado más de un caso de este tipo. Àlex Blasi explica el de Kofi, un chico senegalés que hace tres años fue expulsado de un centro de menores aunque tenía un pasaporte que documentaba su minoría de edad porque la prueba de huesos indicó que ya había cumplido 18 años. A parte de que no le tendrían que haber hecho la prueba porque tenía documentación, se encontró en una situación paradójica: no podía permanecer en un centro de menores porque se lo consideraba mayor de edad, pero no se podía empadronar porque según su documentación todavía era menor.

Otro de los problemas que han detectado las entidades es que muchos chicos no están tutelados y malviven en la calle. No son extraños los casos de niños que ya habían hecho un proceso de calle en su país de origen y lo siguen aquí, afirman en Bayt al-Thaqafa. Tampoco son inusuales los casos de menores tutelados que se escapan de los centros de acogida: 896 niños en el 2015.

“A veces se escapan porque su proyecto de vida es ir hacia arriba. Hace años que Barcelona vuelve a ser ciudad de paso hacia Europa, y muchos vienen del sur para ir a probar suerte en otros países. Vienen y se van, y a veces puedes seguir su trayectoria a través de Facebook”, explica Blasi.

La fundación ofrece a los jóvenes tutelados por la DGAIA clases de lengua, apoyo en la búsqueda de cursos y formación y actividades de ocio, como el fútbol. No es extraño que abandonen el centro pero sigan acudiendo a las actividades. Entonces se lleva a cabo una mediación para que retornen al centro de forma voluntaria.

Mayoría de edad

Más que la situación de los menores, lo que preocupa sobre todo en Bayt al-Thaqafa es su futuro como jóvenes ex tutelados. Si hay alguna cosa que habría que replantearse, según Àlex Blasi, es todo lo que les espera el día D, cuando cumplen 18 años y de un día a otro pasan de ser niños a adultos y de estar protegidos a encontrarse indefensos.

“Antes les organizaban una fiesta de cumpleaños y al día siguiente ya les hacían la maleta para que se marchasen. Ahora al menos les dan ayudas, pero a los 21 años se acaba todo”, explica Blasi.

La crítica, compartida por Save The Children, se centra en dos cuestiones: la escasez y brevedad de las ayudas y el poco tiempo del que disponen para tramitar la documentación que les permita quedarse en España. A eso se añaden las dificultades para obtener la autorización de trabajo y acceder al mercado laboral.

“Cuando cumplen 18 años, se les abandona a su suerte, sin apoyo y en muchas ocasiones sin haber recibido la documentación a la cual tienen derecho”, denuncia Save The Children, que reclama, entre otras medidas, que puedan disponer de la autorización de trabajo a los 16 años, en igualdad de condiciones con los menores de edad españoles.

Hay tanta burocracia y es tan compleja que una parte de los jóvenes quedan fuera del circuito administrativo. Para estos casos, Bayt al-Thaqafa tiene cinco pisos de acogida, con 25 plazas, 6 de las cuales están reservadas a chicos que cometieron algún delito mientras eran menores de edad y que salen del sistema penitenciario en libertad vigilada, pero no cuentan con ninguna red familiar. Todos se pueden quedar en estos pisos hasta que son lo bastante autónomos para poder marcharse.