Viajes que transforman, viajes para transformar

24/07/2018 - 18:20

Redacció

Cooperación. Tres personas voluntarias explican su experiencia como participantes en viajes solidarios a países del sur y hacen balance de ello.

El verano abre un espacio de tiempo libre a muchos jóvenes que aprovechan las vacaciones para llevar a cabo viajes solidarios, campos de trabajo o brigadas, en países del sur. Por la emergencia humanitaria surgida a raíz de la difícil situación que viven las personas refugiadas que llegan a Europa, el territorio europeo también es objeto y fin de trayecto de voluntarios y voluntarias que quieren echar una mano a entidades y organizaciones que están actuando sobre el terreno.

Para saber de primera mano qué los motiva, cómo valoran su experiencia y qué ha cambiado en sus vidas a la vuelta, nos encontramos con Blanca Muñoz, que estuvo en Tanzania; Arnau Quinquillà, en Guatemala, y Cristina Gironès, que se marcha este agosto a Palestina, pero que ya ha estado en Grecia y en el Sáhara Occidental.

Organizaciones dedicadas a la sensibilización

Las tres organizaciones con las cuales han viajado o viajarán son, respectivamente: el Servicio Civil Internacional, SETEM Cataluña y la Asociación Catalana por la Paz (ACP). Las tres son reconocidas ONG —aunque casi se les puede denominar movimientos sociales—, de sensibilización y de lucha por los derechos de las personas a escala global.

Con sus programas de estancias en zonas del planeta donde hay conflictos o vulneración de los derechos humanos, económicos o sociales, no pretenden ir a ayudar, sino todo lo contrario, a ayudarnos a las personas de este norte privilegiado a tomar conciencia y a entender los orígenes de realidades y flujos, como por ejemplo, los de las personas refugiadas o inmigradas.

No sorprende, pues, que el perfil de los tres sea de personas comprometidas con la sociedad y conscientes de nuestra huella en el planeta, ya antes de marcharse. Pero profundizamos en sus motivaciones y, sobre todo, en los cambios internos y sus visiones sobre la justicia global.

Razones de conciencia para viajar y conocer

Cuando les preguntamos por qué escogieron este tipo de actividad para dedicar un tiempo de sus vacaciones, los tres coinciden en la necesidad de que tenían en conocer las diferentes realidades de otros países; pero, sobre todo, de modelos de vida o situaciones y luchas completamente ajenas a su vida cotidiana. Esta motivación, sin embargo, se mezcla con las ganas de “hacer algo”, de intentar echar una mano a personas en situaciones graves o de desigualdad. Es el caso de Cristina, por ejemplo, que en el 2015 decidió que no se podía quedar aquí sin hacer nada, a la vista de lo que estaba sucediendo a Grecia, cogió la mochila y se marchó para participar en la actividad de los squads con SOS Refugiados.

El objetivo de transformación de la persona que viaja, como de sus acciones posteriores a la vuelta, requiere conocer el origen de las desigualdades.

Formación con espíritu crítico

Las entidades que organizan las estancias llevan a cabo sesiones de formación que acaban de situar en el contexto a las personas voluntarias que viajan. Pero a pesar de los filtros, no todas tienen la misma visión que estas entidades.

La transformación de la persona que viaja, como sus acciones después de la vuelta, requiere conocer el origen de las desigualdades, los modelos económicos y las implicaciones de nuestras acciones en las situaciones sociales o medioambientales de determinadas regiones del mundo.

Arnau nos explicaba que, siendo físico de formación, la parte de contexto sociopolítico y económico lo ayudó a entender muchas de las dinámicas mundiales que, aunque sabía que eran injustas, desconocía sus causas a fondo.

La dureza de la estancia

Los tres están de acuerdo en que las estancias solidarias son duras, no tanto por las condiciones de vida, muy diferentes de las que tienen en Barcelona, sino porque duele tocar tan de cerca la injusticia y las desigualdades.

Conocer de cerca ciertos hechos, como la imposible escolarización de niños y niñas en Tanzania, en el caso de la Blanca, la destrucción de recursos campesinos que experimentó Arnau con el Comité d’Unitat Campesina en Guatemala o las condiciones de vida en los campos de refugiados de Grecia que vio en directo Cristina, les hizo sufrir un tipo del nuevo concepto de estrés postraumàtico vicario, que es la asunción de una parte del estrés de las personas con quien han estado en contacto.

Viajar para transformarse

Cuando queremos saber si creen que fueron útiles para las entidades y personas que las acogían, Arnau lo tiene claro: no. Pero, igual que Cristina, señala que el objetivo era que fuera útil para transformar e impulsar el activismo de personas como ellos en favor de modelos más justos, a través del conocimiento de las realidades del sur, y en este sentido, sí que son útiles. Blanca, aunque pudo participar en un proceso de alfabetización y en el programa de empoderamiento de colectivos de mujeres de Tanzania, también cree que la duración es demasiado corta para poder aportar realmente algo.

“Te das cuenta de que vives con mucho más de lo que necesitas, que no nos hace falta todo el consumo que hacemos y que muchas veces nos quejamos de vicio.”

Un choque a la ida pero también a la vuelta

A la pregunta de cómo los ha cambiado este viaje, Cristina y Blanca responden que la sensación a la vuelta ha estado como un “estado de shock”: “Te das cuenta de que vives con mucho más de lo que necesitas, que no nos hace falta todo el consumo que hacemos y que muchas veces nos quejamos de vicio.” También sintieron el privilegio que nos otorga la condición de “persona blanca europea” y especialmente la posesión de un pasaporte con el cual se pueden atravesar fronteras sin problemas.

De hecho, aunque tanto Blanca como Arnau y Cristina afirman que antes de sus viajes podían entender las razones de las personas que llegan a Barcelona huyendo de guerras, persecuciones o pobreza, es a partir de sus viajes y de las experiencias vividas que han tomado todavía más conciencia. “Nos reafirmamos en la injusticia de no querer dejarlos entrar. Es inhumano.”

Después de volver de sus viajes los tres siguen integrando en su vida cotidiana este aprendizaje y la voluntad de cambiar el mundo. Blanca nos comenta que decidió estudiar el posgrado de Desarrollo, Cooperación y Acción Comunitaria; Arnau continúa su activismo y Cristina, después de Grecia, se ha implicado todavía más en proyectos de incidencia política, como la creación de una asociación de jóvenes en apoyo a la causa del Sáhara Occidental: SàharaDempeus, o la realización de un documental sobre la causa Palestina, proyecto que llevará a cabo con la ACP este mismo verano, con el resto de los miembros de su brigada que viajarán allí en agosto.

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