“No quería que mis hijas crecieran bajo las bombas”

19/04/2017 - 16:34

Redacció

Entrevista. Hablamos con Gulnar Hajo, escritora y dibujante siria exiliada en Estambul. Ha sido la ilustradora invitada a la edición de este año del festival literario para niños y jóvenes Món Llibre.

Gulnar Hajo (Damasco, 1977) contagia optimismo desde el primer momento. Madre de dos niñas tan locas por la música como ella por los libros y el arte, entre sus numerosos y premiados trabajos destaca la ilustración del cuento La Nur s’escapa del conte, publicado en Damasco hace dos años y traducido este año al catalán por Valèria Macías Pagès para Mosaic Llibres. Es la historia de una niña que vive en un mundo oscuro del cual consigue salir gracias a la imaginación. Casada con el también artista y editor Samer Al Kadri, con el cual fundó la editorial infantil Bright Fingers, ha abierto una librería café en el histórico barrio de Fatih, en Estambul, donde vive exiliada con su familia desde el 2015. Pages, que es el nombre del local, se ha convertido en un cobijo literario y humano de los sirios refugiados en Turquía. Hajo fue la ilustradora invitada al festival literario para niños y jóvenes de Barcelona Món Llibre 2017, que se celebró el 8 y 9 de abril, aunque no pudo asistir en persona. Hablamos con ella por Skype.

Unos días especialmente tristes, después del ataque con armas químicas sufrido por la población civil siria este mes de abril. ¿Cómo vives noticias tan terribles como esta desde el exilio?

Es tristísimo. Da la impresión de que no se puede ir más abajo, como si no pudiéramos ir a peor. Pasan cosas terribles y parece que nadie puede detenerlo. Es una sensación de inseguridad terrible. ¡Estamos hablando de civiles! ¡Del uso de armamento ilegal! Da mucho miedo, auténtico terror.

¿Qué recuerdas del día que decidiste marcharte de tu país?

Recuerdo muy bien el día que tomamos la decisión de marcharnos. Nosotros estábamos en contra del régimen de al-Assad y podíamos sentir el peligro. Vivíamos en Damasco y tenemos dos niñas muy pequeñas. No queríamos que crecieran bajo las bombas. Teníamos miedo sobre todo por nuestras hijas, porque percibíamos que las circunstancias cada vez serían más peligrosas. Lo podía sentir. Era el año 2012 y mi marido y yo teníamos que ir a una feria de libros en Abu Dhabi. Y enviamos a las niñas con mi hermana, a Jordania. Mientras estábamos fuera, un oficial de seguridad se presentó en casa y preguntó por nosotros. Este hecho fue definitivo. Comprendimos que no podíamos volver y nos quedamos en Jordania.

¿Siempre habíais vivido en Siria?

Sí, habíamos viajado por trabajo o por vacaciones, pero Siria es nuestra tierra, es nuestra casa. Allí tenemos familia y amigos. Marcharse fue una decisión muy difícil. Amamos a nuestro país. Es terrible no tener la opción de poder volver. No se lo deseo a nadie.

Al principio de lo que se denominó Primavera Árabe, desde aquí se vieron con esperanza las revueltas contra dictadores a los cuales Occidente había dado apoyo. Debe de haber sido muy frustrante vivirlo desde dentro.

Y tanto. Muy frustrante. La de Siria fue una gran revolución. Tenemos una dictadura muy cruel y peligrosa. Los ciudadanos perdieron el miedo y dijeron que ya no la querían más. Los sirios quieren democracia y un futuro. Ahora, por desgracia, sea por la situación estratégica del país o por la razón que sea, la idea de revolución está parada. La idea de la revolución ha sido secuestrada, pero creo que volverá. Quizás soy ingenua, pero lo creo.

“En Siria tenemos una dictadura muy cruel y peligrosa”

¿Eres optimista?

Lo soy. Soy muy optimista. Creo en la belleza, el amor, la humanidad, la paz. Siempre podemos poner el foco sobre estas cosas en un momento de tanta oscuridad. Siempre. En esta época tan dura en la que vivimos tenemos la obligación, el deber, de centrarnos en la belleza y las cosas buenas.

La Nur s’escapa del conte es una historia triste, pero deja un final abierto lleno de esperanza.

La creatividad y la imaginación siempre reflejan la personalidad que hay detrás. Y yo vivo llena de esperanza.

La idea de abrir en Estambul un café que se podría definir como un “refugio literario” ya va en esta línea: los libros, la cultura, como protección y punto de encuentro…

En junio hará dos años que abrimos Pages. Primero pasamos un tiempo en Jordania. Pero viajando por Estambul encontramos muchas similitudes con Damasco. Vimos que había muchos sirios, y descubrimos que había muchos árabes, pero ninguna librería árabe. Fue fácil encontrar escuela para las niñas. Y tomamos la decisión. Fue idea de mi marido, de hecho. No solo es una librería. Organizamos muchas actividades. Hago talleres con niños. Hay música. Encuentros.

¿Cómo trata Turquía a la gente que viene de Siria como refugiada?

Al principio la gente que llegaba a Estambul era muy bien recibida. Era fácil encontrar trabajo. Pero cada vez había más sirios. Ahora hablamos de casi tres millones de sirios [en Turquía]. Eso es mucha gente. Para la sociedad turca nos hemos convertido en un problema, un reto, y los políticos utilizan el problema de Siria. Y las cosas están más difíciles. Ahora la mayoría de sirios están atrapados en Turquía, no se pueden mover de ahí. Si no tienes la residencia, un negocio, no puedes entrar en el país ni salir de él.

Muchos sirios que están en Turquía piensan que Europa puede ser un buen destino y una tierra de derechos. Pero quizás no es como era. Solo hay que ver a los muertos en el Mediterráneo…

Por desgracia no dejan de intentarlo. Yo siento que estoy mejor aquí. Me gusta Europa, pero Estambul está más cerca que Suecia o Alemania. Pero depende de la situación de cada uno. La gente necesita trabajar, y quizás un ingeniero piensa que le será más fácil hacerlo en Alemania que en Turquía. En Siria hay todo tipo de gente, como en cualquier sociedad. La situación en los campos de refugiados es inhumana. Es el peor problema que se vive desde la Segunda Guerra Mundial. Pero no es un problema de Turquía. Es un problema del mundo. Ahora hay menos gente que va a Europa, mucha menos. El acuerdo entre Turquía y la Unión Europea lo hace mucho más difícil.

“Entiendo que Europa se quiera proteger, pero los refugiados somos personas normales”

¿Cómo ves la evolución de Europa, cada vez más cerrada en sí misma y reticente al extranjero?

Entiendo las sospechas, los temores, las reticencias de los europeos… y las de los turcos. Son las mismas que podemos tener nosotros. Tenemos que estar unidos y ayudarnos. Si puedo ayudar a los turcos, los ayudo. Entiendo que Europa se quiera proteger, pero los refugiados somos personas normales, somos como vosotros. Debemos estar juntos. El terrorismo es otra cosa.

¿Los sirios intentan mantenerse juntos?

Por supuesto. Pages es como en casa. Cuando estás en el extranjero y has perdido tu casa, poder reunirse es importante. Te puedes sentir sirio y sentirte bien. No pasa nada. Lo intentamos. Tenemos una historia y una cultura, literatura, artes, música. Siempre es necesario, pero en unas circunstancias como el exilio, todavía más. Es una necesidad, como comer o respirar.

¿Querrías volver?

Antes de la guerra tenía la fantasía de vivir fuera, pero ahora pienso siempre en volver a casa. Sueño que la guerra acabará y que volveré a casa.