“La verdad en la frontera sur es una tragedia humana de la que solo se conoce una parte”

12/02/2018 - 15:23

Redacció

Entrevista. Conversamos con Esteban Velázquez, cura jesuita y activista social. Fue responsable en Nador de la Delegación de Migraciones del arzobispado de Tánger hasta que fue expulsado de Marruecos, en el 2016.

“Vi ojos perdidos por balas de goma que usaba la Guardia Civil; vi maxilares destrozados; vi cráneos abiertos; vi muertos también, que enterramos; vi muertos por la valla, pero también por violaciones cometidas no se sabe por quién. Una mujer había sido violada cinco veces. Tuvo gemelos con sida. Murieron los tres y los enterramos.” Esteban Velázquez (Las Palmas de Gran Canaria, 1947) desgranó hace unos días en el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed) algunas de las violencias y violaciones de los derechos humanos de las que fue testigo entre octubre del 2012 y enero del 2016, cuando prestó asistencia humanitaria y seguimiento médico en sustitución de Médicos sin Fronteras a los migrantes atrapados en la zona de Nador y a los heridos tras intentar saltar la valla de Melilla.

Cura jesuita y activista social, Velázquez se había curtido antes como testigo del horror durante la guerra civil de El Salvador, en la década de los ochenta, donde pasó tres años atendiendo a los refugiados del conflicto y cuatro años más atendiendo a la población civil y a la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en el departamento de Morazán. De esa etapa recuerda con satisfacción haber ayudado a la ya desaparecida Rufina Amaya a denunciar la masacre de El Mozote, en la que Amaya sobrevivió a su esposo y a cuatro hijos, asesinados en 1981 junto a varios centenares de personas más durante un operativo de contrainsurgencia del ejército salvadoreño.

Velázquez habló sobre todo ello durante la conferencia “Derechos humanos de las personas migrantes: la situación de la frontera sur” y durante una conversación previa con Pablo Peralta de Andrés, técnico del plan “Barcelona, ciudad refugio”. “Alguien dijo que en las democracias formales ha habido más terrorismo del que hay ahora”, reflexionó. “No lo sé, pero lo que sí sé es que en la guerra que yo viví hubo violaciones muy graves por parte de gente que no era ni musulmana ni islamista. Era cristiana, y era un poder democrático”, afirmó.

Este hombre franco y comprometido, serio y bromista a la vez, que fue cura obrero durante el franquismo, defendió los asaltos de protesta a supermercados del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), participó en el 15-M y se declara influido por Pere Casaldàliga, apuesta desde hace años por el diálogo interreligioso por lo social y promueve la lucha por la paz y la justicia global y el trabajo por el cambio personal que cree que esa batalla requiere. Ahora lo está haciendo realidad a través de la Fundación Centro Persona y Justicia, que dispondrá muy pronto de un espacio en un municipio de Granada.

Te expulsaron de Marruecos. La defensora de los derechos de los migrantes Helena Maleno está siendo juzgada ahora por su labor humanitaria. ¿Vuestro trabajo molesta a ambos lados de la frontera?

Molesta a todo aquel que no quiera ver la realidad. Los testigos siempre molestan, y nosotros somos testigos diarios de una situación que requiere, al menos, las cuatro cosas que pedimos la mayoría de organizaciones que trabajamos con migrantes en Marruecos. Primero, stop a la violencia en los dos lados de la frontera. Segundo, stop a las devoluciones en caliente, que España legalizó y son inválidas según el derecho internacional. Tercero, stop a los desplazamientos forzosos dentro de Marruecos. Tras un intento de salto en la valla, se está llevando en masa a todos aquellos que no lo lograron a ciudades marroquíes y se los deja en las plazas. Como en las devoluciones en caliente, hay que estudiar cada caso, porque entre otras cosas puede haber derecho al asilo. Y, por último, tener observadores de derechos humanos en la frontera. Es lo mínimo que se puede pedir a países que se llaman democráticos.

Que permitan que haya testigos…

Ante los famosos debates que siempre hay, entre la versión de la policía, la de los migrantes, la de las ONG, la de los gobiernos, lo más racional en un país democrático no es solo permitir, es pedir que haya observadores de reconocida imparcialidad y que tengan el derecho de ir donde quieren y cuando quieren para verificar y facilitar un relato lo más objetivo posible. Las ONG asesoras del Frontex [miembros del Foro Consultivo sobre Derechos Humanos de la Guardia Europea de Fronteras y Costas] se lo pidieron al Consejo Europeo pero, que yo sepa, ninguna frontera europea ha aceptado esa recomendación. ¡Qué miedo a la verdad! Estamos en una situación predemocrática, porque no se ponen los instrumentos mínimos necesarios para saber la verdad.

¿Cuál es la verdad en la frontera sur?

La verdad es una tragedia humana de la que solo se conoce una parte. La frontera no es solo la valla, que es lo que da más rentabilidad política y más noticias a los medios. Y tampoco es solo el monte Gurugú, existe también Selouane, donde está la trata de prostitución, y otros campamentos de los que no se habla tanto. Hay otros dramas humanos, una explotación sexual increíble, a veces por parte de los jefes de las mismas mafias de migrantes. Yo digo siempre que a los migrantes ni hay que mitificarlos ni hay que criminalizarlos, son seres humanos como todos. Nosotros habilitamos unas habitaciones para estas mujeres, porque cuando daban a luz, en tres días salían del hospital y volvían otra vez al monte, en una precariedad absoluta. Soportaban unas condiciones climatológicas durísimas, solo con un plástico y una manta. Creamos esas habitaciones para que las mujeres tuvieran tres semanas de descanso, y quizá ese era su único descanso en meses y años antes de llegar a España. Lo que pasa ahí es un drama humano de primera categoría en el que debemos huir del oportunismo y la moda.

¿Oportunismo? ¿A qué te refieres?

Más que oportunismo, me refiero el coyunturalismo, al análisis solo coyuntural y sin perspectiva histórica. Hace falta un análisis serio y con rigor. Ya no se habla de Siria, porque agobia a Europa. Y solo se habla de la valla cuando sucede algo concreto. Y la migración, como dijo alguien, es como un balón de aire, lo aprietas por un lado y se desplaza hacia el otro. Hace falta atender en cada momento dondequiera que haya necesidad, aunque no haya una coyuntura política dramática que pida una respuesta urgente. Aquí empezó con los cayucos en Canarias en el 2006. Hubo un número tremendo de muertos en el mar. En los cementerios de Fuerteventura todavía ponen los números: uno, dos, tres, cuatro… No se sabe quiénes son. Luego empezaron las vallas [en Ceuta y Melilla]. Ellos van buscando por donde pueden. El análisis no puede ser solo coyuntural, tiene que ir no solo a las raíces, sino adondequiera que haya problemas y con soluciones proporcionales a la gravedad de la situación.

Hay que ir a la raíz, pero la labor que hacéis es, al fin y al cabo, asistencialismo de supervivencia. Es necesaria, claro, pero…

No veo contraposición, pero es verdad que los que por formación tendemos al análisis no podemos olvidar la parte de urgencia y de necesidad, no asistencial, sino humanitaria. Lo que hice en Marruecos era una atención humanitaria total, de primeras necesidades. Cuando el sentimiento que mueve es auténtico, ni prescindes del caso concreto que hay que ayudar ni prescindes del análisis para que sufran menos, porque no se trata de un caso aislado. La ciudadanía europea está llamada a un grado de solidaridad y de atención humanitaria mucho mayor. Y hay muchas maneras de colaborar, pero no hay que despreciar la tarea concreta: basta una persona a la que se ayude para justificar el esfuerzo. Ahora estoy poniendo el acento en que esto no tiene solución mientras los estados soberanos no estén sometidos a un poder internacional de facto. Yo insisto muchísimo en eso.

“No habrá una solución mientras los estados soberanos tengan la última palabra y no haya una autoridad internacional que decida sobre las violaciones de los derechos de los migrantes.”

Defiendes desde hace años la creación de un tribunal internacional de derechos de los migrantes.

Es que hay que ir a la esencia de la situación, y esta es que las migraciones son un reflejo de un orden mundial injusto. Nunca habrá una solución a fondo mientras los estados soberanos tengan la última palabra y no haya una autoridad internacional que decida sobre las violaciones de los derechos de los migrantes. Estamos en la prehistoria de la democracia, los estados soberanos son una realidad que nació en el siglo pasado y son insuficientes para la realidad globalizada. Como ha dicho alguien: el mundo no necesita más pactos de derechos humanos, lo que necesita es una constitución mundial y con mecanismos eficaces. El único que existe a nivel internacional con un poco de poder es la Corte Penal Internacional [de La Haya] de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, pero solo ha empezado a juzgar a dictadores africanos y a militares de los Balcanes. Hay que crear un tribunal internacional de derechos migratorios, con poderes ejecutivos: que ni España, ni Marruecos, ni Estados Unidos tengan la última palabra en su propia tierra. Soy consciente de que es soñar. Sé que es utópico, pero es que vivimos en una enorme incoherencia: nunca ha habido una sociedad más globalizada con un poder real menos global.

En el 2011 simpatizaste con el 15-M, pero le reprochaste que no se planteara que la lucha por la democratización de la democracia había de ser global o sería inviable…

El 15-M interesó por la política a una enorme cantidad de jóvenes, y eso, ya de por sí, es positivo. El hecho de que cuajara en un partido político es también positivo; otra cosa es la evolución que ha tenido. Pero sigue careciendo de esa visión global. Yo siempre digo que la política española está enferma de localismo. Los grandes problemas internacionales están ausentes de su lenguaje y de sus proclamas, incluso en Podemos y en otros sectores de la izquierda. También digo que Europa debería tener con África el mismo interés que tuvo por la misma Europa en la postguerra mundial. No es solo cuestión de cooperación internacional, es cuestión de justicia internacional, y eso requiere, sobre todo, unas reglas de comercio justo. África está siendo objeto de una voracidad económica que no es solo europea; China es quien tiene más presencia ahí. Está claro que las causas de la emigración están en los países de origen, pero ya está bien de análisis simplistas sobre sus dictadores. África ya no necesita el 0,7 %. Lo que África necesita son, sobre todo, las mismas condiciones de igualdad, poder comerciar con sus riquezas y sus productos.

En tus escritos de la época decías que la batalla por la justicia global exigía también un trabajo para el cambio personal.

La intuición fundamental a la que decidí dedicar mi trayectoria es que, cuando no hay sujetos sólidos, la política se resiente, y lo he visto en el declive del sandinismo y del FMLN. Hace años que busco una palabra para nombrarlo, porque si dices espiritualidad a mucha gente le suena todavía a religión y hay alergia. Yo quiero decir algo más: hablo del mundo de las motivaciones profundas y éticas, de lo que a ti te mueve. Si no lo trabajas, eso se resiente en la vida política. A la vez, si lo trabajas —y ahora hay esta moda del crecimiento personal—, pero no te metes en política porque te quita la paz, se convierte en una nueva versión del opio del pueblo que decían en el siglo XIX sobre la Iglesia, y con tanta razón. Si el análisis es serio, en el fondo de tu yo más profundo te vas a encontrar el nosotros. 

El “noyotros”.

“Noyotros”, ¡qué bueno! No había oído esa palabra. ¿Dónde lo has visto? 

En una obra de teatro del absurdo. A mí me llegó mucho.

Va en esa línea. Quien logre sintetizar en una dinámica personal la búsqueda de felicidad con la búsqueda de justicia, y ambas son legítimas, dará con una clave.

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