Una cuestión de derechos, no de terminología: ¿‘personas refugiadas’, ‘migradas’ o ‘desplazadas climáticas’?

26/09/2019 - 10:26

Redacció

Refugio climático. Actualmente una de las causas más importantes del desplazamiento de poblaciones son las climáticas. Sin embargo, no es una causa reconocida a la hora de pedir protección internacional.

Que el cambio climático es una amenaza es un hecho. Sin embargo, ¿somos conscientes de cuál es exactamente esta amenaza y si afecta a todo el mundo de la misma manera? Las lluvias y la variación de las temperaturas ya perjudican nuestros hábitats europeos, de una manera —lo hemos visto recientemente— incluso terrible.

Pero en muchos otros lugares del planeta los efectos ya son tan graves y extremos que, según el Banco Mundial, en el 2050 se puede llegar a los 120 millones de personas desplazadas internamente por motivos climáticos. Eso quiere decir que solo se cuenta la población de Asia, África y Latinoamérica que se mueve de una zona a otra sin cruzar ninguna frontera. Sabemos, sin embargo, que las migraciones no se detienen en las fronteras.

Según el Banco Mundial, la cifra de 120 millones sería la más pesimista del estudio que ha realizado, que presenta tres escenarios, pero la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) habla de 200 millones. En todo caso, la situación solo mejoraría si se activaran actuaciones globales que redujeran drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, pero no parece que eso esté en las agendas de los grandes poderes, ni políticos ni económicos, aunque estos días se puedan oír declaraciones que lo aseguren.

La realidad más allá de las cifras

Miguel Pajares, presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado (CCAR), que muy pronto publicará un libro sobre este tema, nos confirma la tendencia más pesimista: “Tanto unas cifras como otras”, nos dice, “son muy preocupantes, porque son desplazamientos que ya hace muchos años que se producen, solo que ahora se habla más. Desde el 2005 se cuentan entre 17 y 20 millones de personas desplazadas anualmente por huracanes, lluvias y otros fenómenos repentinos, unas cifras superiores a los 9-10 millones de desplazados anuales por causa de conflictos armados”. Y añade: “La tendencia se puede agravar, efectivamente, si no se frena el origen de estos desastres naturales repentinos o de otros que se puedan producir a medio o largo plazo, como la desertificación o la subida del nivel del mar. Así, por ejemplo, desaparecerán muchos más hábitats progresivamente en zonas ya tensionadas como es el Sahel, en África”.

Hablemos de “refugio climático”

Las personas obligadas a dejar su hogar y su pueblo porque estos han sido arrasados por un desastre natural o porque ya no encuentran los medios de subsistencia que antes existían, ¿qué son? ¿Qué término las define?

El ACNUR no reconoce el término refugiado climático, porque el derecho internacional no lo contempla. Y es cierto que, entre las razones que detalla la Convención de Ginebra, de 1951, para poder solicitar protección internacional, la huida provocada por condiciones climáticas no aparece. El término correcto, según este organismo, sería persona desplazada, ya que, de hecho, la gran mayoría de desplazamientos son internos, en los que no se cruza ninguna frontera.

Se cuentan los desplazados internos, pero los flujos no se detienen en las fronteras

Lo que este posicionamiento no tiene en cuenta es, por un lado, que en el caso de los desastres naturales se trata de fenómenos agresivos, casi tanto como los conflictos armados, y, por otro lado, que los flujos no se detienen en las fronteras, aunque sean difícilmente cuantificables.

Miguel Pajares lo explica así: “Los desplazamientos se pueden producir en distintas etapas: una persona que en Centroamérica ha perdido su hábitat rural y ha emigrado por eso a la ciudad puede acabar marchándose de su país por culpa de las maras. Este último paso será el que se registrará como ‘refugio’, aunque, en realidad, su primer movimiento fue por la desertificación. Del mismo modo, los migrantes climáticos del Sahel van hacia zonas costeras, y desde allí pueden acabar llegando a nuestras fronteras”. Y continúa: “Aquí nos es difícil hablar de refugio climático, porque, como no es una razón para solicitar asilo y no representa para los migrantes ningún beneficio legal, nadie lo utiliza para contar su historia. Es solo después de indagar mucho sus experiencias y el hilo de su migración que podríamos considerar a algunas personas como refugiadas climáticas”.

Cómo proteger los derechos, tanto si hablamos de “personas refugiadas” como de “migradas”

Según la investigadora en derecho ambiental Susana Borràs, la cuestión realmente importante es cómo se protegen los derechos de estas personas. En su ensayo de la revista Papeles, de la fundación FUHEM, “La migración ambiental: entre el abandono, el refugio y la protección internacional”, recoge propuestas provenientes de diferentes entidades y organismos, como por ejemplo la Iniciativa Nansen, que propone establecer un acuerdo entre estados sobre los principios y los baremos referidos a la protección de las personas desplazadas.

“Las modificaciones ambientales, origen de los movimientos forzados, pueden impactar sobre el derecho a la vida, a una alimentación adecuada, a no sufrir hambre, a una vivienda digna…”

También está la idea de establecer un nuevo tratado internacional específico sobre migraciones por cambio climático o añadir un protocolo a la Convención marco de la ONU sobre el cambio climático. Borràs es escéptica con respecto a las tres propuestas, teniendo en cuenta que dependen del voluntarismo de los estados, tanto a la hora de ratificar las medidas acordadas como de aplicarlas.

Además, en el estudio de Borràs queda patente que, aunque el estatus de refugiado no reconoce el derecho de asilo en poblaciones que huyen de desastres climáticos repentinos o latentes, el respeto por los derechos humanos tendría que ser la garantía de protección para estas personas: “Las modificaciones ambientales, origen de los movimientos forzados, pueden impactar sobre alguno de los derechos de las personas: el derecho a la vida, a una alimentación adecuada, a no sufrir hambre o a una vivienda digna”. Es por eso por lo que, de hecho, se tendría que aplicar a cualquier persona, tanto nacional como extranjera. Sin embargo, como denuncian muchas entidades civiles desde hace años, ahora mismo en el Estado español la política de inmigración no garantiza todos los derechos básicos.

Gracias a la movilización global por la huelga por el clima, impulsada por el movimiento de jóvenes Fridays For Future, mucha gente se está concienciando de que la emergencia ya está aquí, que el cambio climático afecta a todo el mundo y que quizás nos encontramos al principio de una nueva etapa en la que se reconozca el derecho al medio ambiente y, por lo tanto, a ser refugiado o refugiada ambiental, y se ponga en cuestión el modelo de crecimiento industrial y energético que expulsa constantemente a personas de su hábitat.

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