“La construcción de la paz en Colombia también se debe hacer desde el exilio”

23/04/2019 - 10:13

Redacció

Entrevista. Hablamos con Edinson Cuéllar, abogado colombiano que, desde Barcelona y en el marco del proceso de paz en Colombia, ayuda a que se escuche y se incorpore al proceso la voz de las personas exiliadas.

Edinson Cuéllar “es abogado que litiga en casos graves de violaciones de los derechos humanos”, según reza su perfil profesional. Vive en España por decisión personal, no es un exiliado, pero está inmerso en un proceso de reparación con exiliados y exiliadas colombianos en España.

Su tarea como abogado defensor de los derechos humanos lo ha llevado a participar en la Comisión de la Verdad, el órgano con el que se dotaron los acuerdos de paz de Colombia para aclarar hechos y reparar, en la medida de lo posible, el dolor causado durante el largo conflicto. Esta comisión apostó, desde el inicio de su actividad, el año pasado, por tener en cuenta las voces de las personas colombianas exiliadas, y es en este ámbito en el que Edinson trabaja actualmente en Barcelona.

¿A qué te dedicabas en Colombia, antes de venir a España?

Soy abogado litigante, porque me encargo de presentar demandas y acompañar denuncias de violaciones de los derechos humanos, tanto ejecuciones extrajudiciales como desapariciones forzadas u otros hechos. Lo hacía y continúo haciéndolo, ahora también como miembro del COFB, el Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda.

¿Cuándo empiezas a trabajar con el exilio colombiano?

Con los acuerdos de paz en Colombia se crea la Comisión de la Verdad, que empieza su trayectoria el noviembre pasado. Las organizaciones de personas exiliadas como el Foro Internacional de Víctimas y la Colectiva de Mujeres Refugiadas, Exiliadas y Migradas trabajaron para que la voz del exilio también se incluya en los acuerdos con un informe específico.

“Se calcula que unas quinientas mil personas han salido del país como resultado de la situación de violencia”

Cuando me instalo en Barcelona, descubro este movimiento, e inmediatamente me vinculo a él para apoyarlo desde mi campo profesional. Al mismo tiempo, el COFB decide abrir la línea de trabajo del exilio colombiano.

¿De cuántas personas estamos hablando?

Son muchas las personas que se han visto obligadas a marcharse del país y, de hecho, todavía hoy existe un éxodo colombiano. La situación está lejos de ser tranquila. Se calcula que unas quinientas mil personas han salido de Colombia como resultado de la situación de violencia. Un número probablemente más alto en la realidad, ya que el recuento es difícil.

Dices que el exilio colombiano es desconocido. ¿A qué te refieres?

Teniendo en cuenta la gran cantidad de personas colombianas exiliadas, se habla muy poco de este asunto, comparado, por ejemplo, con el exilio del cono sur, como Argentina, Chile u otras situaciones migratorias actuales de países vecinos como Venezuela u Honduras. De hecho, te diré que incluso para mí, antes de venir a Barcelona, era una realidad desconocida.

Por otro lado, tenemos tendencia a pensar que cualquier situación es mejor en Europa o en Norteamérica que en Colombia, que todo el mundo que haya salido de allí se encontrará bien por el mero hecho de haber dejado el país. Desde la política pública colombiana es evidente que no se visibiliza a este colectivo y, por lo tanto, lo tenemos que hacer nosotros. Darle un papel en esta Comisión de la Verdad es una de las vías.

Habéis celebrado un encuentro muy recientemente aquí, en Barcelona.

Hace pocas semanas la Comisión de la Verdad organizó unas jornadas destinadas a formar a personas entrevistadoras, algunas de ellas también refugiadas, que, a través de las crónicas de las personas entrevistadas, podrán perfilar todas las caras del conflicto: el dolor, la pérdida, los periplos y lo que han dejado atrás.

Este proceso durará tres años, que es el tiempo límite que tiene la comisión para publicar su informe, que debe ayudar a cicatrizar en parte las heridas del conflicto. Sin duda, tres años es muy poco tiempo para recoger testigos y analizar las consecuencias a largo plazo y, por lo tanto, el trabajo continuará más allá de este periodo.

“Empezaremos a elaborar un informe colectivo en el marco del proyecto ‘Construcción de paz en Colombia desde el exilio'”

En otro momento, líderes del exilio colombiano, así como investigadores sociales que trabajan en el tema, nos reunimos en Barcelona en el marco del proyecto “Construcción de paz en Colombia desde el exilio”, financiado por la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo. Este encuentro fue convocado por International Action for Peace (IAP), con el apoyo del Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda. El principal objetivo de esta reunión era construir una propuesta metodológica desde la voz de las víctimas para elaborar un informe colectivo desde el exilio.

¿Cómo es este exilio? ¿Es un colectivo homogéneo?

La mayoría de las personas que he conocido se desplazaron a Europa en la época del presidente Álvaro Uribe, del 2002 al 2010, básicamente por sus liderazgos comunitarios. Eran dirigentes sindicales, líderes campesinas, líderes del movimiento LGTBI, maestras, personas defensoras de los derechos humanos.

Algunos solicitaron el estatuto de refugiado y lo obtuvieron, otros entraron en España mimetizándose con la condición de inmigrante, sin presentar ninguna solicitud de protección internacional. También hay personas que huyeron del país por la presión de la violencia, sin tener ningún papel en el liderazgo, porque en determinadas zonas del país las agresiones, las violaciones y las muertes se producían cada día del año.

“Ahora mismo regresar a Colombia no es una opción en la mayoría de los casos”

Sin embargo, todo el mundo se marchaba con la ilusión de que se trataba de un impasse y de que pronto podrían regresar a su país. He conocido a personas que llevan aquí más de diez años y todavía tienen una sensación de transitoriedad.

A raíz de los acuerdos de paz de La Habana del 2016, ¿han podido volver?

Algunas sí lo hicieron, y se encontraron con que la realidad no era mejor que cuando huyeron. Una cosa es la firma de los acuerdos y otra muy diferente es la transformación social y política, que todavía no se ha producido. La paz se tiene que construir. Y estábamos en este proceso, pero ahora mismo, con el revés de las últimas elecciones, en las que, recordémoslo, ganó Iván Duque, la situación se vuelve a polarizar, y regresar no es una opción en la mayoría de los casos. El índice de asesinatos de líderes sigue siendo altísimo: 486 personas asesinadas desde el año 2016.

¿Se han desmontado los acuerdos de paz?

Las instituciones creadas para la paz no desaparecen: la Comisión de la Verdad, la jurisdicción especial para la paz y la Unidad para la Investigación de Personas Desaparecidas no dependen orgánicamente del Gobierno. La financiación sí, y en este sentido hemos visto que sí se han recortado los presupuestos asignados, pero, gracias al apoyo de la cooperación internacional, estos mecanismos se están conservando. Además, las expectativas de la sociedad colombiana son tan grandes que parece difícil que lo puedan desmontar del todo.

Te refieres a menudo a las “mujeres líderes”. Háblanos un poco más de estas mujeres.

Las mujeres que han huido del país han sido víctimas por partida doble: su liderazgo en las comunidades campesinas las ha hecho blanco de amenazas, pero también de más agresiones físicas y, a menudo, de violaciones. El cuerpo de las mujeres es, como ya se sabe, un arma de guerra, utilizado para humillar no solo a las mujeres, sino a todo el adversario.

“El cuerpo de las mujeres es un arma de guerra, utilizado para humillar no solo a las mujeres, sino a todo el adversario”

Es un colectivo muy afectado, pero, o quizás precisamente por eso, muy potente. No sé si cuantitativamente son más numerosas, pero sí están muy organizadas y, además, juntas, las de todos los bandos.

La realidad del exilio las ha llevado a una ruta común: sin papeles, sin reconocimiento, dependientes de la acogida del país donde se encuentran. Hay un sentimiento de haber perdido la identidad, ya que no pueden o no saben cómo seguir trabajando en los movimientos sociales desde aquí. Desde La Colectiva se están recogiendo y poniendo en común sus trayectorias para redactar un informe sobre el exilio desde la perspectiva feminista.

¿Has conocido también a personas que huyeron de las guerrillas?

Sí, pero menos; la ruta de perseguidos por las guerrillas es un poco diferente. Me explico: las personas que se enfrentaban a las guerrillas podían optar en primer lugar por marcharse de las zonas rurales a las ciudades, donde en principio estaban a salvo, y ya no tenían que salir del país. Eso no excluye que existan casos en los que el nivel de persecución implique salir del país.

¿Los colectivos LGTBI han sido especialmente perseguidos?

Grupos paramilitares tenían como objetivo al colectivo LGTBI, a prostitutas, drogadictos e indigentes, y practicaban una “limpieza” social. Está demostrado judicialmente que los índices más altos de asesinatos correspondían a estas poblaciones.

“El índice más alto de asesinatos se da dentro del colectivo LGTBI”

Incluso, en algunos casos, los códigos de conducta marcaban el largo del pelo de las mujeres, el de las faldas o qué tipo de hombre se podía ser. Llevé el caso de un chico que había sido asesinado porque parecía homosexual. En el documento de la policía consta así: sentenciado porque era homosexual.

Nos comentabas que las persecuciones no acaban con la instalación en España, que siguen sintiéndose asediados. ¿Eso podría ser la causa de que en Barcelona la segunda nacionalidad de solicitantes de protección internacional durante el 2018 fuera la colombiana?

Efectivamente, siempre ha existido una inteligencia colombiana, que actuaba a menudo desde los propios consulados, que los perseguía cuando iban a las Naciones Unidas, a los encuentros con relatores, o que los intimidaba insultándolos en la calle, por ejemplo. Todo esto, para que supieran que no estaban completamente seguros. Este es uno de los puntos importantes del relato del exilio colombiano: pretende explicar las persecuciones también en el extranjero y señalar a los responsables, que pueden ser perfectamente agregados consulares.

En las últimas elecciones se realizó un proceso de intimidación a través del correo y del teléfono. Yo mismo llevo casos de personas que no tienen teléfono móvil o que tienen un número oculto, para evitar las amenazas. Aunque hace años que están aquí, les siguen rastreando los teléfonos y siguen manteniéndolos en estado de alerta y de miedo.

¿La sociedad colombiana tendrá pronto la paz tan deseada?

No sé si será pronto, pero lo que está claro es que no se quieren cuarenta años más de conflicto. La sociedad colombiana lo que sí está haciendo es organizarse para superar el conflicto, y los líderes actuales son los que capitanean este afán. Se trata de un movimiento social muy potente. De hecho, la cruenta reacción en su contra, que se está dando ahora mismo, tanto en Colombia como en el exilio, es el resultado del miedo que tienen ciertos estamentos de que la sociedad lleve las riendas del proceso. Pero no hay vuelta atrás.

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