“La atención a las personas solicitantes de asilo se tiene que hacer ‘con’ ellas y no ‘para’ ellas”

27/03/2019 - 11:10

Redacció

Entrevista. Conversamos con Dolors Calvo, directora del programa Ampara, de acogida a personas refugiadas de la Fundación Apip-Acam.

Dolors Calvo es psicopedagoga y responsable de la Fundación Apip-Acam, entidad que se define como una “arteria de servicios y proyectos para resolver necesidades humanas y de justicia social”. Actualmente dirige el programa de la fundación denominado ‘Ampara’, que tiene como objetivo desarrollar itinerarios integrales de inserción individualizados destinados a personas solicitantes y beneficiarias de protección internacional.

Su larga trayectoria en el mundo de la atención social le permite tener esta mirada global, multidisciplinaria, de la situación de las personas que atiende su entidad.

Vuestro programa de atención a las personas refugiadas es del 2016, pero hace mucho tiempo que trabajáis con personas migrantes.

Sí, desde las primeras olas migratorias, a principios de los años noventa. La Fundación Apip-Acam la forman dos asociaciones, con más de treinta y cinco años cada una de experiencia en la inserción habitacional y laboral de personas en situación de vulnerabilidad, entre ellas, efectivamente, personas migrantes y recién llegadas. Fue, por tanto, un paso natural el hecho de añadirnos al grupo de entidades que configuran el sistema de acogida estatal para personas demandantes de protección internacional, cuando la necesidad de este servicio aumentó en todo el Estado.

¿Qué ofrecéis a estas personas refugiadas?

Se parte de la visión que para empezar un proceso de inclusión y un nuevo proyecto vital tiene que haber dos premisas: tener vivienda y un trabajo. Primero se les asigna una vivienda compartida de las 77 plazas que tenemos en Barcelona (en Cataluña contamos con 330).

Acto seguido se los da apoyo en todo aquello que los pueda ayudar a acceder al conocimiento de la nueva realidad contextual, en el aprendizaje de la lengua y el acceso al mundo laboral, pero también en la búsqueda de una vivienda propia. Porque, efectivamente, al cabo de seis meses de entrar en el sistema de acogida, tienen que estar preparados para pasar a una vivienda independiente. En esta segunda fase seguimos dando apoyo y acompañamiento profesional al proceso de desarrollo de autonomía e integración de las personas. Ahora mismo en Barcelona atendemos a más de doscientas cuarenta personas en esta fase.

¿Qué diferencias hay entre los colectivos migrantes que atendéis y los de personas refugiadas?

Hay una parte de la atención que podría ser la misma que con cualquier persona migrada, pero también existen un conjunto de necesidades diversas que requieren un apoyo especial para acceder a los servicios básicos, sanidad, educación, formación laboral, y también hay que dar respuesta a las necesidades propias de un colectivo de personas que han sufrido una violación de sus derechos básicos.

“Cuando son acogidos por entidades como la nuestra, muestran miedos diversos ante las nuevas situaciones, recelos ante las informaciones recibidas y desconfianza en los sistemas”

La mayoría de casos han sufrido una violación de los derechos humanos tanto en el país de origen como en el recorrido y el trayecto hasta el país de acogida. Cuando son acogidos por entidades como la nuestra, muestran miedos diversos ante las nuevas situaciones, recelos ante las informaciones recibidas y desconfianza en los sistemas, lo cual requiere intervenciones y apoyos psicológicos especializados.

Hablas siempre de una atención integral. ¿A qué te refieres?

Realizamos un acompañamiento a itinerarios integrales que les facilite la realización de un proyecto vital en nuestro país. Es una intervención que tiene en cuenta todos los elementos de la vida de las personas atendidas, desde sus vivencias anteriores hasta el modo en que viven la integración en la ciudad. Con eso quiero decir que para nosotros cada caso es único. Ofrecemos una atención individual, porque cada persona o grupo familiar tiene unas necesidades diferentes, y por suerte, en Barcelona disponemos de muchísimos servicios para todo tipo de diversidad.

“Hay que tener en cuenta todos los elementos de la vida de las personas atendidas, desde sus vivencias anteriores hasta el modo en que viven la integración en la ciudad”

Nuestra tarea consiste en conectarlos a todos los recursos existentes, organizaciones o servicios específicos. Por ejemplo, en el caso de personas LGTBI, hay servicios específicos de los cuales se pueden beneficiar, más allá de nuestra propia atención dentro del programa estatal. La atención a las personas refugiadas (en realidad, a todas las personas) se tiene que hacer “con” ellas, no “para” ellas. Pero también ofrecemos sesiones grupales para tratar temas que son de interés general del colectivo, como temas jurídicos relacionados con su situación, por ejemplo.

En todo caso, nuestro principal reto en la acogida es informar de lo que pueden encontrar en el sistema estatal de acogida, en la ciudad donde viven, y sobre todo, equilibrarlo con las expectativas que tienen.

Eres experta en temas de tráfico de mujeres con objetivo de explotación sexual. ¿Cómo lo trabajáis desde la fundación?

Trabajamos con el problema de la prostitución y el tráfico de mujeres desde 1987, aunque hasta el 2009 no se le puso el nombre de tráfico y no se empezaron a desplegar programas específicos. La primera tarea es, obviamente la detección. Para conseguirlo, nos acercamos a las mujeres que pueden ser susceptibles de vulneración de sus derechos, observamos e intentamos ver ciertos indicadores que nos puedan confirmar el tráfico. Les ofrecemos diferentes servicios, sobre todo sanitarios, e intentamos crear vínculos para que confíen en que podemos ayudarlas.

También disponemos de centros de atención a pie de calle, los centros Cabíria, donde van las propias mujeres para solicitar información o atención, si ya nos conocen a través de otras mujeres.

Y dentro de este colectivo, ¿habéis encontrado mujeres que desconocían la posibilidad de pedir asilo?

Sí, se trata de un colectivo que en general está en una situación de tanta vulnerabilidad que no tiene información de sus derechos ni de la mayoría de los servicios a los cuales podrían acceder. Y, efectivamente, si se detecta que la persona está o ha estado en una situación de tráfico de seres humanos con objetivo de explotación sexual, se la acompaña en el proceso de la solicitud y todo lo que eso implica.

Muchas de las solicitudes de protección internacional son denegadas. ¿Seguís haciendo acompañamiento después de la denegación?

Durante todo el itinerario, durante los dieciocho meses (veinticuatro en caso de máxima vulnerabilidad) del programa de acogida estatal, intentamos que nos consideren referentes. El vínculo que se ha creado nos permite en muchos casos poder integrarlos en otros programas de la fundación o apoyarles con la colaboración de otros servicios territoriales si se da la denegación y siguen necesitando ayuda.

Nos contabas que, ya desde que estudiabas magisterio, querías dedicarte a la justicia social. ¿Es lo que has hecho siempre?

Sí, desde siempre he tenido la certeza de que las situaciones de partida de las personas no son iguales y, por lo tanto, son injustas para muchas de ellas. Hay que trabajar para cambiar eso. Yo he trabajado siempre en la atención social, al principio con personas con diversidad funcional. Fue cuando me di cuenta de que la máxima vulnerabilidad es la que combina la discapacidad con el hecho de ser mujer y que se vinculaba muchas veces a abusos sexuales. Más adelante empecé a trabajar con temas de tráfico de mujeres con fines de explotación sexual, y a partir de aquí, con el tema internacional y, en concreto, con el asilo.

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