“El efecto llamada de las ciudades refugio no existe”

26/06/2019 - 18:01

Redacció

Entrevista. Conversación con Lorena González, concejala del Ayuntamiento de Seattle (EE. UU.), un foco de resistencia a las políticas migratorias de Trump.

Lorena González fue la primera mujer latina escogida como concejala del Ayuntamiento de Seattle, y así se presenta, con orgullo, en el web del Consistorio.

Abogada de profesión, ahora está volcada en representar a los ciudadanos y las ciudadanas más vulnerables y de orígenes diversos de la ciudad gracias a que ejerce la presidencia de la Comisión de Equidad de Género, Comunidades Seguras, Nuevos Americanos y Educación en el Ayuntamiento. La conocimos durante la Conferencia Internacional “Cities for Rights”, que se celebró en Barcelona en diciembre del 2018 con motivo del setenta aniversario de la Declaración universal de los derechos humanos. Allí presentó la experiencia puntera que han puesto en marcha en su ciudad: un bono de defensa social para personas migradas que afrontan la deportación. Ahora conversamos con ella para que nos explique con más detalle estas políticas municipales de apoyo a personas migradas y refugiadas.

Una de tus responsabilidades en el Ayuntamiento de Seattle es el área llamada Nuevos Americanos. ¿Cómo empezaste a trabajar en el ámbito de las personas migradas y refugiadas?

Nací en los EE. UU., pero de madre y padre mexicanos. Cuando ellos llegaron a los EE. UU., estuvieron unos años sin documentos. Recuerdo muy bien mi infancia con las dificultades causada por la falta de papeles. Esta es una de las razones por las que empecé la carrera política como activista en defensa de los derechos de las personas migradas y refugiadas. En este sentido, mi aportación desde el Consistorio es dar voz a estos colectivos y apoyarlos con políticas que les faciliten un poco la vida.

La mayoría de las personas iban sin abogado al juicio donde se decidía si eran deportadas o no, y, por lo tanto, tenían muchas más probabilidades de perderlo

¿El programa de apoyo de la defensa jurídica de personas migradas y refugiadas es una de estas políticas de protección de la nueva ciudadanía?

Sí, se trata de un programa que ofrece acompañamiento jurídico de abogados a las personas que están en riesgo de ser deportadas. A partir de un estudio vimos que la mayoría de las personas iban sin abogado al juicio donde se decidía si eran deportadas o no, y, por lo tanto, tenían muchas más probabilidads de perderlo, en concreto, unas diez veces más. Ahora mismo las personas que han recibido asesoramiento son setecientas, y son de más de sesenta nacionalidades.

¿Qué número de solicitantes de protección internacional hay entre estas personas migradas?

Es aproximadamente el 50 %, y la mayoría son de Centroamérica, sobre todo de El Salvador y Honduras, pero ahora también llega mucha gente de África. Entran en el país legalmente, con un visado de turista y con otros programas que no son de asilo, y, cuando se les acaba el programa, consideran que no pueden volver a su país por el trauma y el riesgo que implica el retorno. Es entonces cuando, aconsejados por sus abogados, solicitan la protección internacional.

¿Qué posibilidades tiene una persona demandante de asilo de que le otorguen el estatus de refugiada?

Muy pocas, pero hay un problema todavía mayor antes de realizar la solicitud. La administración de Trump tiene una estrategia de bloqueo burocrático que hace que se tarde hasta 18 meses en conceder la primera cita para solicitar el asilo, y miles de personas quedan en el abismo de la deportación durante este tiempo de espera. Si una persona se encuentra con un agente de inmigración, no le sirve de nada haber pedido una cita.

¿Qué hace el Ayuntamiento en estos casos? ¿Por qué Seattle es una de las ciudades santuario junto con Los Ángeles, Nueva York y otras ciudades de los EE. UU.?

Por ejemplo, y siguiendo con el hilo de la pregunta anterior, mientras esperan esta primera cita, en el Ayuntamiento tenemos la responsabilidad de que los niños puedan ir a la escuela pública y que no se vulneren los derechos de las personas en sus puestos de trabajo, e integramos en la medida de lo posible a estas familias en la vida de la comunidad. Abrimos también una oficina de derechos civiles que se parece mucho a la que tenéis aquí, la Oficina para la No Discriminación, y una oficina de asuntos de migraciones y refugio. Esta última es muy importante para poder trabajar con las personas más vulnerables y recoger datos para que el Gobierno conozca la dimensión de la situación.

De todos modos, tengo que decir que incluso antes de que el equipo actual llegáramos al Gobierno, Seattle ya era una ciudad que ofrecía acceso universal a todos los servicios del Ayuntamiento, sin hacer distinciones según la situación administrativa.

Perteneces a una red de cargos electos municipales progresistas. ¿En qué consiste esta red?

Cuando Trump amenazó a las ciudades santuario con dejar de transferirnos recursos y fondos económicos, nos organizamos desde los diferentes municipios y lo demandamos. La última palabra la tuvo la Corte Federal, que nos acabó dando la razón y reconoció que no nos pueden denegar los fondos solo por el tipo de políticas que hacemos con las personas migradas y refugiadas.

¿Crees en el efecto llamada de estas ciudades santuario o refugio en razón de los servicios que ofrecéis a los colectivos de personas migradas?

Las personas migradas se mueven por distintas razones hacia un lugar u otro; lo más importante es si hay una comunidad o una familia o grupos más extensos en el lugar de llegada. La cantidad de ayudas no es un factor que se tenga en cuenta, sencillamente porque no están en condiciones de hacer comparativas.

Somos una mayoría de concejalas mujeres, y eso provoca evidentemente un cierto sesgo hacia políticas más feministas

La ciudad de Seattle tiene un gobierno mayoritariamente del Partido Demócrata. Y muy femenino. ¿Esto marca mucho la orientación de las políticas?

Efectivamente, la alcaldesa es mujer, y también lo somos seis de las concejalas. Eso provoca evidentemente un cierto sesgo hacia políticas más feministas, como la introducción de una visión más política de los cuidados. Te puedo dar un ejemplo muy concreto: en nuestra ciudad el cuidado de los niños es muy caro (más del 30 % de los ingresos de las familias), y en el Ayuntamiento desarrollamos acciones para que la gente trabajadora tenga acceso a jardines de infancia. Otro ejemplo es que somos muy activas a la hora de promover políticas que puedan asegurar la equidad de género en los sueldos y evitar o reducir la brecha salarial.

¿Cuáles son las políticas que tienen tu sello? ¿Como demócrata, como abogada de los derechos civiles?

En los EE. UU. no hay baja de maternidad pagada, ni para mujeres ni para hombres. Solo hay un permiso que concede la ley federal, pero que los ciudadanos difícilmente se pueden coger porque no cobran. Y este factor es muy perjudicial para las personas trabajadoras con pocos recursos. El año pasado estuve trabajando con grupos ciudadanos [ella los denomina “la comunidad”] y con otros actores para exigir al Estado de Washington prestaciones económicas para colectivos determinados. ¡Y lo conseguimos! Durante doce semanas una mujer (o un hombre) tiene derecho a una prestación por valor del cien por cien de su sueldo.

También hemos desarrollado una ley de igualdad en Seattle: las empresas o las personas de recursos humanos no pueden preguntar a las personas entrevistadas cuánto dinero quieren ganar, porque está probado que las mujeres siempre piden menos.

Los municipios pueden hacer muchas cosas para minimizar situaciones de vulnerabilidad y de desamparo ante leyes y políticas antiinmigración de los gobiernos

¿Cómo ves el papel de las ciudades en la lucha por los derechos humanos?

Los municipios pueden hacer muchas cosas para minimizar situaciones de vulnerabilidad y de desamparo ante leyes y políticas antiinmigración de los gobiernos. Tenemos que recuperar el poder para avanzar hacia una visión compartida de prosperidad económica, justicia y igualdad ante la ley, de comunidades habitables y sostenibles y de buen gobierno que sirva al interés público.

En Seattle nos queda mucho trabajo por hacer, sobre todo si gana Trump por segunda vez, pero tengo mucha esperanza: la comunidad de personas migradas y refugiadas es fuerte, y creo que las políticas que hacemos tienen sentido y les acaban facilitando la existencia.

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