“Con 17 años era refugiado y voluntario al mismo tiempo”

27/11/2018 - 10:58

Redacció

Entrevista. Charlamos un rato con Amin Hadian, iraní y demandante de asilo político en Barcelona, después de pasar por Grecia, donde trabajó de voluntario con compañeros y compañeras refugiados.

Amin se encuentra ahora en un momento dulce. Después de huir de su país por miedo y de recorrer un camino lleno de dificultades, hablamos con él en un momento en el que ha encontrado un poco de paz. Se siente seguro en Barcelona. Tanto es así que de momento no tiene la intención de continuar el viaje hacia el Canadá, destino con el que soñaba cuando salió de su país. Estudia en un instituto, aunque todavía tiene que aprender bien el catalán. Pero habla muy bien el inglés y transmite mucha energía, y quiere seguir haciendo de voluntario para echar una mano a personas como él.

Amin, ¿qué hacía un chico tan joven (¡tenías 17 años!) huyendo solo de su país?

Pues en mi país, Irán, no podía hacer determinadas cosas, el gobierno de allí no permite determinados comportamientos, que para mí no eran malos. Al contrario, empecé a publicar cosas reales, que estaban pasando, cosas que podían ayudar a las personas. Me empezaron a perseguir y castigar; por eso me tuve que marchar.

¿Cómo llegaste a Barcelona?

Fue por casualidad. Iba de camino al Canadá. De hecho, intenté salir de España y no pude. Por suerte, porque aquí hay más capacidad y sobre todo más voluntad de acoger a las personas refugiadas como yo. Nuestra situación, a pesar de la incertidumbre obvia de ser demandante de protección internacional, es más estable en Cataluña, y en particular en Barcelona.

¿Qué ruta seguiste o cómo fue tu viaje hasta aquí?

La verdad es que fue largo y pesado. Entré en Turquía, pasé un tiempo en Grecia y después una temporada en Italia, desde donde vine a España para intentar viajar al Canadá. No pude seguir. Ahora estoy bien aquí, he presentado la demanda de asilo en España, pero quizás en un futuro iré al Canadá.

Pensaba que, si alguien me había hecho feliz acogiéndome desinteresadamente, quizás yo también podría hacer feliz a otras personas.

¿Cómo es que hiciste de voluntario cuando todavía eras un refugiado?

En Grecia dormía en la calle, y un día encontré a una chica que conocía de una de las organizaciones de allí, Khora, y le dije que no podía más. Movió los hilos y me encontró a unas personas que me acogieron. Sentí que, si ellos me ayudaban, yo tenía que devolver de alguna manera este gesto. Pensaba que, si alguien me había hecho feliz acogiéndome desinteresadamente, quizás yo también podría hacer feliz a otras personas. Además, estoy convencido de que, si puedes alegrar la vida de alguien, esta persona querrá a su vez compartirlo y hacer algo por los otros.

Fue así como empecé a hacer de traductor en aquella entidad. Muchas de las personas afganas llegadas a Atenas no hablaban inglés, y yo, con el persa y el inglés me podía comunicar con unos y otros. Los acompañaba a hacer gestiones, por ejemplo. Pero la mayor parte del tiempo ayudaba en Velos Youth Center, por mi edad, obviamente. Intentaba ayudar en todo lo que podía. Cuando cumplí 18 años, me incluso me contrataron durante un tiempo.

Si tenías trabajo, ¿por qué te marchaste de Atenas?

Tenía trabajo, pero realmente no se podía vivir de aquel sueldo, era mucho, muy bajo. Grecia está inmersa en una crisis brutal, y yo no veía que allí pudiera salir adelante y pudiera llegar a estudiar mucho, que es lo que quiero hacer.

No tenía donde ir a dormir y me quedé otra vez en la calle.

¿Y te sentiste acogido enseguida en Barcelona?

Pues no, la llegada fue muy dura. Llegué un viernes, y en la oficina de servicios sociales me dijeron que volviera el lunes; no tenía donde ir a dormir y me quedé otra vez en la calle. Incluso después me dijeron que tardarían tres meses en poder ofrecerme un lugar donde dormir. La espera no fue tan larga, y mientras tanto fui trampeando con amigos y conocidos que podían acogerme unos días.

Finalmente pude entrar en un piso, y más adelante, cuando me tuve que buscar yo mismo una habitación, ya me sentía más empoderado. Ahora estoy contento de poder ir al instituto, y quiero volver a trabajar de voluntario en alguna entidad de aquí. De hecho, el julio pasado ya fui voluntario en los Juegos Mediterráneos de Tarragona, y la verdad es que fue una de las mejores experiencias de mi vida. Éramos gente de todo el mundo.

¿Convives con otras personas refugiadas? ¿Sois una piña?

Tenemos orígenes tan diferentes que no siempre nos entendemos. No solo por la lengua, sino también por la manera de ver la vida. A veces pienso que tendrían que abrirse más a las posibilidades que esta sociedad nos ofrece y dejar las tradiciones que los hacen cerrarse y pensar de una manera más restrictiva.

¿Cómo te estás adaptando a la vida de aquí?

De la mejor manera: en el instituto. Aunque me cuesta mucho, ya que no hablo ni castellano ni catalán. Voy a clase, pero aun así es complicado. El profesorado me ayuda mucho, por ejemplo me permite escoger el día del examen. Y también me ayudaron mucho cuando se dieron cuenta de que tenía un problema de comida por falta de recursos: al mediodía me pusieron con el resto de estudiantes en el comedor. Ahora estoy cursando segundo de bachillerato, y cuando acabe, quiero seguir estudiando. Sin embargo, al mismo tiempo tengo la intención de seguir realizando trabajos de voluntario. Ahora mismo estoy esperando a mejorar un poco mi castellano para empezar.

De hecho, a Amin lo hemos conocido porque está apuntado a la base de datos de personas que quieren hacer un voluntariado de la Federación Catalana de Voluntariado Social.

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