“Garantizar la dignidad es el núcleo duro de los derechos humanos”

28/09/2017 - 12:26

Redacció

Refugio. Conversamos con Estel·la Pareja, directora de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado - CEAR.

La trayectoria profesional de Estel·la Pareja (Barcelona, 1980) ha estado siempre vinculada a los derechos humanos y a los desplazamientos de personas porque, como explica, desde muy temprano intuyó que “la agenda migratoria, de asilo y de refugio sería uno de los retos más importantes del siglo XXI en las sociedades europeas en materia de derechos humanos”. Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración y máster en Relaciones Internacionales, trabajó en el Instituto de Derechos Humanos de Catalunya (IDHC) y vivió un año y medio en la República Dominicana como cooperante de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Directora de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado desde el 2011, Pareja denuncia la responsabilidad de los países europeos en el desplazamiento forzado de personas y afirma que las políticas de extranjería y de migración son racistas y clasistas.

Esperabas que las migraciones fueran uno de los grandes retos del siglo XXI para las sociedades europeas en materia de derechos humanos y así ha sido. ¿Cómo se ha gestionado?

Continúa siendo el gran reto. Me parece vergonzoso, dantesco y surrealista que haya personas muriendo a las puertas de nuestros hogares. Hablamos de una Europa democrática y de valores, basada en los derechos fundamentales de las personas, pero vemos que hay ciudadanos de primera, ciudadanos de segunda, ciudadanos de tercera y no ciudadanos. Hemos llegado a la paradoja aberrante de que haya libertad de movimiento de capitales y de mercancías pero no de personas, cuando las migraciones son procesos inherentes al ser humano. Desde que somos Homo sapiens hemos ido migrando en búsqueda de comida, de recursos, de un clima, de un contexto que favorezca una vida digna. Lo que ha pasado es la constatación de lo que llevábamos diciendo desde hace años. Sin ir más lejos, aquí, durante los años más duros de la crisis económica, se recortó mucho en todo lo que tenía relación con migraciones, asilo y refugio. Tuvimos durmiendo en la calles, pidiendo caridad, a los supervivientes de grandes violaciones de derechos humanos. Dice muy poco de una sociedad democrática, garante y promotora de los derechos humanos, que no garantice la dignidad humana, que para mí es el núcleo duro de los derechos humanos. Y más cuando somos un país que ha sufrido el exilio en carne propia, un exilio muy reciente y muy transversal. Me avergüenzo de ello.

¿La crítica es a las instituciones o a la sociedad en general?

La critica principal es a las instituciones, al Gobierno central y también a las instituciones catalanas durante muchos años. Es complejo. Como sociedad no nos vimos reflejados durante la crisis de las pateras, a principios de los años 2000, y con el alzamiento de las vallas [en Ceuta y Melilla]. El discurso político y de los medios de comunicación era el de “nosotros y ellos”, casi de las hordas de africanos que llegaban, un discurso del miedo y de la indiferencia. En septiembre del 2015, vimos un punto de inflexión y no solo por la foto de Aylan. Lo hemos dicho muchas veces: hemos tenidos muchísimos Aylanes; desgraciadamente hemos visto a muchos niños muertos en las playas del sur del Estado. Lo que pasa es que cuando te ves reflejado, cuando ves familias que se parecen a la tuya, cuando el color de su piel es parecido al tuyo, cuando ves que hay abuelos y niños, se produce un cambio y esa empatía que también vimos durante las guerras en los Balcanes. Nos sorprendió este estallido de solidaridad, del cual nos sentimos muy orgullosos y muy agradecidos, pero nos sorprendió porque hacía más de una década que lo decíamos y que estaba pasando. Creo que se produjo un proceso de autoidentificación y creo que la empatía de los medios lo acompañaron mucho. La sociedad se ha sensibilizado con el hecho de que la gente huye por muchos motivos diferentes y para vivir con dignidad. Lo decimos siempre: nadie se quiere ir de su casa, esta es la gran desgracia y la gran violación de derechos humanos, el desplazamiento forzado.

¿Te sorprendió la respuesta de la Unión Europea? ¿La esperabas?

Las instituciones europeas hablaban de crisis de personas refugiadas y nosotros cuestionamos esta idea y dijimos que se trataba de una crisis de principios y valores. Francamente, creo que nos ha decepcionado muchísimo a muchas personas, hasta el punto de cuestionarnos el mismo proyecto europeo. ¿Es una Unión Europea que protege el capital y el libre mercado o es una Unión Europea que tiene convicciones democráticas y protege a las personas? ¿Nos lo esperábamos? Bien, ya hacía años que veíamos que con la creación de la política común de asilo en vez de ir a más íbamos a menos. Teníamos el modelo garantista de los países escandinavos pero en lugar de ir hacia estándares máximos, íbamos hacia un mínimo común denominador. Y lo más aberrante llegó cuando se estableció el mecanismo de cuotas.

“Las personas refugiadas son la consecuencia humana de las injusticias de nuestras políticas exteriores, por acción o por omisión”

Cuando se acordó el sistema de cuotas, en setiembre de 2015, pusisteís en marcha la campaña #UErfanos. Uno de sus ejes fue el vídeo “Quién da menos”, una sátira muy impactante que compara las cuotas con una subasta.

Es que fue eso, tal cual, una subasta de personas: yo me quedo con tres mil; no, debes quedarte cincuenta mil; y tú, diez mil. Vimos la aberración de los países que dijeron que no participarían en el reparto y se adoptó el principio de nacionalidad, con el que se incluyó solo a las que tenían una ratio de reconocimiento alto [de solicitudes de asilo] dentro del marco de los países de la Unión [siria, iraquí y eritrea]. Afganistán se quedó fuera. ¿No nos avergüenza que Afganistán se quede fuera cuando tenemos ejércitos en este territorio? Es un ejercicio de responsabilidad, porque las personas refugiadas no dejan de ser la consecuencia humana de las injusticias y los desequilibrios de nuestras políticas exteriores, en sentido amplio, por acción o por omisión. Nos extraña que vengan personas de Senegal, cuando hemos esquilmado toda su pesca. ¿Qué esperábamos? Todo es acción y reacción y es absurdo pensar que lo vamos a parar con vallas, con acuerdos y con Frontex, porque las personas somos como el agua y acabaremos encontrandos rutas y cada vez serán más peligrosas, cada vez perderán la vida más personas y cada vez enriqueceremos más a los traficantes de seres humanos.

¿Qué debería haber hecho la Unión Europea?

Por ejemplo, establecer una directiva que tiene de acogida temporal en llegadas masivas de personas refugiadas. ¡Se podrían haber hecho tantas cosas! Había muchas fórmula: vías seguras y legales, corredores humanitarios, visados humanitarios… Un ejemplo aberrante, en este caso español: España pide visado de tránsito aeroportuario a los nacionales de Siria. Lo estableció, creo recordar, en el 2013, después de que llegaran a Barajas dos familias sirias que iban en un vuelo de Damasco a Cuba que hacía parada técnica en Madrid. Las dos familias, numerosas, solicitaron asilo en Barajas y en 48 horas tuvimos un decretazo exigiendo visado de tránsito para los nacionales de Siria, sin el cual no pueden realizar una parada técnica en el Estado español.

¿Por qué crees que esta ha sido la reacción? ¿Cuál ha sido el motivo?

Hay varios. Es difícil de explicar, porque para mí no tiene ningún sentido, no le veo ni pies ni cabeza. Primero, el hecho de que los procesos migratorios o de desplazamiento forzado se ven desde una óptica de seguridad y no de derechos humanos. Hay una retórica de cierre de fronteras ante un supuesto miedo, ¿a qué?, a una supuesta invasión. Hay este miedo a la llegada masiva de personas y a que el sistema se colapse, supuestamente, cuando hay estudios que demuestran lo contrario, que Europa está envejecida y necesita a estas personas para que trabajen y aporten al estado del bienestar, porque si no, quebrará. También hay muchos intereses políticos. Lo hemos visto en Alemania o Francia, donde ante el avance electoral de la extrema derecha el discurso de otros partidos que no tenían estas posiciones es cada vez más extremo y las políticas más restrictivas.

En las elecciones alemanas, la extrema derecha ha entrado en el Parlamento por primera vez y el partido de Angela Merkel ha bajado. ¿Crees que la política de refugio le ha pasado factura?

Sí, le ha pasado factura. Y se ha dado el caso surrealista de que el ascenso de la AfD [Alternativa por Alemania] se ha dado en landers del este, donde casi no hay personas de origen extranjero. Pero este tipo de populismo aglutina a sociedades que están sufriendo mucho, y es más sencillo echar la culpa a los demás que explicar que hemos hecho mal las cosas o que nuestro sistema económico está a punto de quebrar y no tiene sentido porque genera unas desigualdades enormes. Los colectivos más vulnerables son el chivo expiatorio porque tienen menos capacidad de respuesta, porque tienen menos derechos reconocidos.

“Estamos hablando de muy pocas personas. En dos años 17.000 no son nada”

A España han llegado solo el 11 % de las personas que el Gobierno central se comprometió a acoger. Ni siquiera se han cubierto las plazas de alojamiento que se habían habilitado. ¿Por qué?

Ha habido muchos factores, como la descoordinación con las identificaciones y los obstáculos en los trámites para traer a estas personas, pero, principalmente, ha habido una falta de voluntad política. El sistema estatal de acogida se tuvo que adaptar, partíamos de muy pocas plazas y han llegado a más de 8.000, es un dato que va cambiando porque estamos abriendo nuevas plazas. En eso ha habido un esfuerzo importante por parte de todas las administraciones públicas.  Había plazas y recursos pero no ha habido voluntad política. El Estado podría haber hecho muchas cosas. Podría haber llegado a acuerdos con diferentes actores de la sociedad para realizar un esfuerzo de acogida y hacerlo viable. Es que estamos hablando de muy pocas personas, 17.000 en dos años no son nada.

¿La Generalitat podría haber hecho más?

Ha hecho un gran esfuerzo en relativamente muy poco tiempo, eso lo tengo que reconocer, pero podría haber hecho más. En el marco de Asil.cat, le hemos presentado una serie de medidas en las que la Generalitat y los municipios son plenamente competentes. Quizá no puedan hacer nada para facilitar la llegada de las personas que están en el exterior, pero sí para hacer la vida más fácil a las personas que están aquí y que no paran de llegar. Por ejemplo, el padrón. No puede ser que tengamos tantos requisitos diferentes para el padrón como municipios tenemos en Catalunya. No puede ser que el padrón sin domicilio fijo que se instauró en Barcelona no sea replicable en otros municipios. Para muchas personas esto es una dificultad, el padrón es la base sobre la cual estas personas podrán acceder a todos los derechos que les son reconocidos: sanidad, educación, vivienda, arraigo…

¿Qué otras competencias?

Cosas tan pequeñas como facilitar el acceso a la universidad, es una línea que debe trabajarse muchísimo. ¿Cómo puedes acceder a la universidad si no puedes encontrar tus expedientes académicos? O en el ámbito de los menores no acompañados, aquí la Generalitat tiene una gran responsabilidad. Hemos estado trabajando con la DGAIA [Dirección General de Atención a la Infancia y a la Adolescencia] el tema de los protocolos de identificación y acceso a servicios jurídicos especializados para que puedan solicitar protección internacional, pero es necesario profundizar e invertir recursos para contratar a profesionales. El servicio de menores y adolescentes de la Junta de Andalucía llegó a un acuerdo con la autoridad griega competente y pusieron en marcha una experiencia piloto por la que trajeron a un grupito de menores solos no acompañados. Lo hemos hablado con el Parlament de Catalunya. Serbia, por ejemplo, tiene muchísimos menores identificados. ¿Por qué no cierran acuerdos? En eso sí que tenemos competencias, para traerlos aquí y para garantizar que serán bien acogidos y que se les dará oportunidades para poder desarrollarse con dignidad.

¿Hay más margen de maniobra?

Sin infravalorar lo que se ha hecho, porque partíamos de cero, se puede hacer más, sobre todo en mejorar las condiciones de acogida. Falta mucho por hacer todavía. El problema será si esto deja de ser mediático y deja de generar un movimiento a favor y que los responsables de tomar decisiones y de implementar las políticas públicas no sientan la presión ciudadana.

¿Ha ayudado?

Muchísimo. Por ejemplo, no habríamos tenido el crecimiento y las mejoras del sistema estatal de acogida sin la implicación ciudadana y la presión social que ha habido.

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