El triple de personas refugiadas en dos años

29/01/2018 - 10:54

Rafa Besoli

Refugio. El SAIER cierra el 2017 multiplicando por más de tres el número de solicitantes de asilo y refugiados que atendió en el 2015. Barcelona afronta el reto con recursos propios y sin el apoyo del Estado.

Barcelona ha triplicado en dos años el número de personas que el Servicio de Atención a Inmigrantes, Emigrantes y Refugiados (SAIER) atiende en relación al refugio. Se trata de ciudadanos extranjeros que acuden a este servicio para informarse sobre la protección internacional y el proceso para solicitarla, que ya la han pedido o que ya son beneficiarios de esta protección pero siguen necesitando asistencia. El año pasado este servicio municipal dio apoyo a un total de 4.405 personas, prácticamente el doble que en el 2016 y más del triple que en el 2015 (entonces atendió, respectivamente, a 2.292 y 1.374 personas). El incremento se debe tanto al hecho de que cada vez llegan más personas a la ciudad buscando seguridad como a las deficiencias del programa estatal de acogida para solicitantes de asilo, que deja desprotegida a mucha gente.

Las dependencias del SAIER en la avenida del Paral·lel y la calle de Fontrodona están llenas. Personas solas y familias, y muchas con niños, cada vez más. El número de menores refugiados atendidos creció un 130 % el año pasado en relación con el anterior y pasó de 364 a 839 niños y adolescentes.

El incremento de personas refugiadas que buscan apoyo en el SAIER se repite año tras año desde el 2014; entonces casi se llegó al millar de usuarios atendidos y se dobló el número del año anterior. Entre el 2014 y el 2017 el incremento se acercó al 400 %. En consecuencia, el peso de los usuarios de refugio en relación al peso del conjunto de personas a las cuales ayuda este servicio municipal destinado a atender a inmigrantes, emigrantes y refugiados no ha parado de aumentar. Actualmente suponen una cuarta parte del total de personas atendidas y un tercio de todas sus actividades.

Los perfiles son muy diferentes, y las nacionalidades, cada vez más diversas. El motivo es simple, explican desde el servicio municipal: cada vez más países se ven afectados por crisis políticas y/o humanitarias, vulneraciones de derechos humanos y conflictos armados; cada vez más gente huye de forma forzada de su casa buscando seguridad.

Durante el año 2016 el SAIER atendió a personas originarias de hasta 88 países diferentes, 10 más que en el año anterior. Los cinco principales países emisores de refugiados hacia Barcelona fueron entonces Ucrania, Venezuela, Pakistán, El Salvador y Honduras. En el año 2017 el orden se invirtió, y el primer país fue Venezuela, seguido de Ucrania, Honduras, Colombia y de El Salvador. Siria, que había sido la segunda nacionalidad de origen en el 2014 y en el 2015, retrocedió muchas posiciones.

Los motivos de huida que cuentan las personas refugiadas y solicitantes de asilo que recurren al SAIER son diversos: inestabilidad política y económica en Venezuela, conflicto político y reclutamiento forzado de los hombres en edad militar en Ucrania, conflictos religiosos e inseguridad vinculada a los grupos islamistas armados en Pakistán o inseguridad ciudadana y violencia general de las bandas organizadas y del Estado en el caso de los países de la Centroamérica. También son frecuentes los casos individuales de activistas sociales y opositores políticos e individuos o parejas LGTBI perseguidos por su orientación sexual en los países de origen.

Es una tendencia que refleja lo que pasa en el Estado, donde el incremento de personas solicitantes de protección internacional durante el primer trimestre del 2017 en relación al mismo periodo del año anterior fue del 130 %: de 2.930 a 6.865. Por nacionalidades, la primera, con diferencia, fue la venezolana, seguida de las personas originarias de Ucrania, Siria, Colombia y El Salvador.

Por su cuenta

Al contrario de lo que se suele pensar, la mayoría de personas que buscan refugio en Barcelona no llegan en el marco de los programas oficiales de acogida a los que se comprometió el Gobierno central con la Unión Europea para aliviar la carga de Italia y Grecia y los países vecinos de Siria.

Los programas, de hecho, acabaron el año pasado. En total, y según datos del 12 de enero de la Comisión Europea, el Estado reubicó tan solo a 205 personas desde Italia y 1.123 desde Grecia. Son, en total, menos del 11,5 % de las que, como mínimo, tendría que haber acogido procedentes de estos dos países. Por otro lado, reasentó a 1.360 desde el Líbano y Turquía, casi el 94 % del compromiso de acogida. El Gobierno central se ha comprometido a trasladar al Estado durante el 2018 a 1.000 personas solicitantes de asilo más acogidas por el ACNUR en campos de refugiados.

Ignasi Calbó, coordinador del plan “Barcelona, ciudad refugio”, explica que de las 4.405 personas refugiadas que atendió el SAIER el año pasado, solo en torno a medio centenar llegaron en el marco de los programas europeos.

A falta de vías seguras, casi el 99 % restante ha viajado a Barcelona por su cuenta y con sus propios medios, y ha llegado a la ciudad a través del aeropuerto de El Prat o cruzando de forma irregular la frontera sur con Marruecos. El año pasado, más de 25.000 personas migrantes y refugiadas llegaron a España de forma irregular, casi el doble que en el 2016, y tres de cada cuatro realizando la travesía por mar. Más de doscientas murieron ahogadas por el camino.

“La gente piensa que no han llegado refugiados a la ciudad, pero la realidad es que los servicios municipales de atención a refugiados están funcionando a pleno rendimiento. Es inadmisible la soledad con la que el Ayuntamiento está afrontando este reto. Hace falta mucha más implicación, tanto del Estado como de la Generalitat”, denuncia Calbó.

El Consistorio ha incrementado en los últimos dos años el presupuesto del SAIER y el presupuesto destinado a alojamiento temporal de emergencia, y se han reforzado los servicios de recepción y de información y de traducción e interpretación. Entre otras medidas de gestión y organización, se han creado dos mesas de trabajo específicas sobre refugio, en colaboración con las entidades que ofrecen atención social a los solicitantes de protección internacional.

Personas desprotegidas

El incremento de la demanda de atención del SAIER se debe al aumento de las llegadas, pero también a las carencias y disfunciones del plan de acogida del Estado para las personas solicitantes de protección internacional, que el Gobierno central delega en las entidades especializadas en atención social a estos colectivos.

El programa consta de una fase previa de evaluación y derivación (primera acogida o fase cero) y de un itinerario llamado de integración, que consta de tres fases de una duración de 6 meses cada una: acogida (primera fase), integración (segunda fase) y autonomía (tercera fase). En total dura 18 meses, 24 en los casos más vulnerables.

El programa impacta sobre Barcelona y los servicios municipales por varias razones. La primera de todas es que el Estado ha delegado en la Cruz Roja la fase de primera acogida para toda la provincia de Barcelona, y esta entidad la lleva a cabo en el SAIER. Por lo tanto, todas las personas que quieren informarse o acceder al programa estatal son atendidas en el SAIER, donde se valoran su perfil y sus necesidades para derivarlas al recurso más adecuado o al que esté disponible. Actualmente el servicio de primera acogida atiende a veces hasta 110 casos diarios, tanto de individuos como de parejas o núcleos familiares.

Junto con eso, la rigidez de los criterios de acceso al programa, que el Gobierno central restringió durante el otoño pasado, deja desprotegidas a muchas personas. Es el caso, por ejemplo, de las personas que no cuentan con medios propios pero que no se tipifican como vulnerables, o que en el momento de solicitar el asilo hace más de seis meses que están en España o más de dos años en la Unión Europea.

La demora en los trámites de acceso al programa también deja a muchas personas desamparadas. Los responsables del SAIER calculan que actualmente se tarda alrededor de seis meses, durante los cuales las personas solicitantes de asilo que no disponen de recursos o de red familiar no tienen donde estar.

El SAIER acoge los casos más vulnerables y las familias con menores en alojamientos temporales de emergencia hasta que no se resuelve la situación. El año pasado el Ayuntamiento gastó 1,4 millones de euros en pensiones y hoteles para refugiados e inmigrantes sin recursos. En el 2016 fueron cerca de 700.000 euros, solo en refugio. No obstante, los solicitantes de asilo que no cumplen los criterios de vulnerabilidad fijados por el Ministerio se quedan en situación de desamparo y tienen que ser atendidos en los centros residenciales municipales de primera acogida.

“Estamos muy satisfechos de que, a pesar de los impedimentos del Gobierno central, Barcelona sea una ciudad abierta, que acoge con orgullo a las personas que buscan refugio,” concluye Calbó. “El refugio es una realidad con la que estamos aprendiendo a convivir y que ya es parte del ADN de la ciudad y lo será de la Barcelona del futuro. Ser una ciudad refugio requiere un esfuerzo importante, pero también aporta una riqueza innegable a la ciudad.”

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