“Barcelona tiene que participar en la erradicación de los grandes problemas globales”

12/07/2018 - 11:34

Redacció

Entrevista. Conversamos con David Llistar, director de Justicia Global y Cooperación Internacional del Ayuntamiento de Barcelona.

“Justicia global quiere decir justicia económica, de género, ambiental y, también, que las personas que necesitan desplazarse puedan hacerlo y sean acogidas. Es por eso que en la ciudad trabajamos por el derecho a migrar y por el derecho al refugio.”

Garantizar estos derechos es uno de los objetivos principales del nuevo Plan Director de Cooperación para la Justicia Global de Barcelona (2018-2021). Esta nueva hoja de ruta, que representa el consenso de la ciudad para cambiar el enfoque de las políticas municipales de cooperación, se elaboró a partir de un proceso participativo que incluía a diferentes organizaciones, universidades y expertos que trabajan en cooperación internacional y que forman parte del Consejo Municipal de Cooperación Internacional. Para explicarnos en qué consiste este plan, cómo fue el proceso y cuáles son sus principales ejes de trabajo, hablamos con David Llistar, uno de sus responsables.

¿Por qué ya no se habla en ningún sitio de “desarrollo”? ¿Ya no es importante?

Es uno de los tres grandes cambios que promueve el plan y que explican este nuevo enfoque que defendemos de la cooperación municipal. Ahora nos referimos a “justicia global” en lugar de “desarrollo”, porque ya no hablamos de ayudar al “crecimiento” de los países del sur, sino que queremos considerar los derechos de todo el mundo, especialmente de aquellos colectivos que ahora no tienen, derechos económicos, ambientales, de género y también los derechos a migrar y al refugio. Enfocamos las relaciones de poder; no es solo una cuestión de problemas aislados, sino globalizados.

“No basta con destinar un 0,7 % del presupuesto municipal a cooperación internacional; hay que incidir con el 99,3 % restante”

¿Cuáles son los otros dos grandes cambios de esta cooperación de “banda ancha”?

El segundo cambio que quiere aportar el plan es ir más allá del 0,7 % del presupuesto municipal que Barcelona actualmente destina a la ayuda internacional y prever otros instrumentos, como políticas comerciales, políticas educativas, de consumo, etc., para incidir en el 99,3 % restante. Barcelona es una ciudad global, e interacciona por vías muy diversas con el mundo. Se deben abrazar el conjunto de políticas del Ayuntamiento y también perfilar el valor de Barcelona en el mundo en su conjunto.

Es una mirada muy global…

Sí, pero es la única manera que tenemos de conseguir reforzar los efectos positivos de Barcelona sobre el exterior y reducir los negativos. Así también podremos visibilizar la responsabilidad de la ciudad. Y, definitivamente, eso solo se puede tratar con políticas de mirada global.

¿Y el tercero y último gran cambio que promueve el plan?

Uno muy ambicioso, que es el de convertirse en una agencia independiente en la cooperación y dejar de ser un actor subalterno de otras administraciones y una ventanilla únicamente gestora del Ayuntamiento. Precisamente porque en muchas ocasiones tenemos visiones e intereses diferentes; solo hay que ver la diferencia entre la actitud vergonzosa de muchas administraciones centrales europeas en la crisis del refugio y los esfuerzos de Barcelona para dar respuesta y acogimiento a las personas que llegan. También porque dentro de una misma administración hay almas diferentes, y conviene que una ponga de relieve el interés del común planetario.

¿También se ha reorientado la cooperación con respecto a las zonas geográficas?

Efectivamente, el plan reorienta el foco hacia la región mediterránea, como consecuencia de la crisis y la conmoción que sufren los países de la región y el Oriente Medio. Mantiene buena parte de las actuaciones en América Latina y el África subsahariana, pero desplaza el centro de gravedad hacia el Mediterráneo.

¿Cuál es el punto que ha costado más consensuar entre los actores que participaban en el proceso de creación y aprobación del plan?

Precisamente, decidir los puntos de actuación fuera de los tradicionales en países del sur, aquellos dentro de la misma Europa; en Grecia, por ejemplo. Sin embargo, justificado por el despropósito de la actuación de la Unión Europea, se han podido incluir finalmente lugares situados en las rutas europeas de la diáspora; eso sí, con ciertas condiciones. Algunos grupos municipales también habrían preferido subordinarse a administraciones superiores.

¿Cuál ha sido el punto de consenso más claro?

Esta visión de cooperación de banda ancha, de transición hacia la justicia global, ha sido compartida con muy pocas fisuras desde el propio sector de la cooperación, Lafede en particular, y eso ha hecho que otros actores políticos que quizás tenían más dudas se pusieran a remolque.

En temas de refugio, uno de los objetivos del plan director es garantizar la movilidad por vías seguras. ¿Cómo se hará?

Para garantizar el derecho a migrar, considerando como se realizan las salidas de los países de origen, las trabas y los problemas que tienen que soportar, hemos planteado una nueva modalidad de convocatoria para actuar no solo en la parte de la diáspora que tiene lugar en países del sur, sino también en zonas de frontera, en aguas internacionales y, como decíamos antes, incluso en Europa. Eso facilitará abordar los “crímenes de frontera”.

Estamos innovando para añadir estas opciones, como es el caso de la campaña #SafePassageBarcelona, que propusimos a las organizaciones que tenían un barco de rescate con sede en Barcelona. Finalmente se ha conseguido dotar las actuaciones de salvamento de Proactiva Open ArmsSave the Children con 100.000 euros para cada una. La idea era que eso provocara un movimiento de ciudades que visibilizara las actuaciones municipales frente a las no acciones de los actores más responsables.

¿Y otras ciudades han replicado ya la campaña #SafePassage?

Existen ya convenios con agentes de rescate en tres ciudades, siguiendo el ejemplo de Barcelona: #SafePassageMadrid, #SafePassageValència y #SafePassageZaragoza.

¿El plan también incluye un objetivo de intercambio con otras ciudades en temas de refugio?

Sí, hemos reforzado la cooperación con las ciudades más desbordadas por la llegada o el tráfico de personas refugiadas; con el Líbano, por ejemplo, donde teníamos una larga tradición (la ciudad de Sidón en concreto, pero también otros entornos urbanos de ciudades libanesas). También hemos reactivado las relaciones con Gaza y Cisjordania y hemos abierto la cooperación con Amán, en Jordania, y Túnez en ámbitos como políticas de accesibilidad, planificación urbana o residuos. En Siria hemos apoyado reformas en la ciudad kurda de Kobane y en Alep, mientras seguimos reforzando la cooperación con Tánger y Tetuán en varios temas, acompañados de ONG de la ciudad.

“Uno de nuestros programas denuncia los graves atentados contra la libertad de prensa que se viven actualmente en México”

Otro punto importante del plan es promover la garantía del ejercicio de los derechos humanos y los derechos de los pueblos. ¿Qué acciones se prevén para proteger a las personas o los colectivos amenazados por su actividad de defensa de los derechos humanos?

Tenemos dos programas para “defender a quien defiende”: uno genérico, que es el programa “Escritor acogido”, que llevamos a cabo con el PEN Català. Precisamente estos días hemos recibido a un escritor hondureño amenazado de muerte y a su familia en el piso que tenemos dentro de este programa. Y por otro lado, un programa específico de acogida de periodistas mexicanos amenazados. Se trata de una nueva actuación para proteger a estas personas, pero también para denunciar los graves atentados contra la libertad de prensa que se viven actualmente en México y que costaron la vida a doce periodistas en el 2017 (empatando con Siria en la primera posición).

¿La educación por la justicia global es primordial en el nuevo paradigma?

Si consideramos que Barcelona interviene o participa en los problemas mundiales (venta de armas, fondos de inversión especulativos, consumo fuera de control, emisiones de CO2, etc.), tenemos que apostar por llevar a cabo muchas actuaciones dirigidas a la propia Barcelona. En este sentido, es importante destacar el trabajo que se está haciendo con la comunidad educativa, institutos y universidades con el formato de “aprendizaje y servicio”, donde los estudiantes tienen que hacer trabajos académicos, pero se les propone que salgan, se impliquen y se acerquen a organizaciones que trabajan con determinados colectivos para que conozcan de cerca las realidades.

“Hay que introducir en la compra pública municipal elementos para poder discriminar a empresas que violan los derechos humanos o laborales en su cadena global de producción”

¿Cómo puede el Ayuntamiento ser coherente con este enfoque global, teniendo en cuenta precisamente su huella?

El primer instrumento de coherencia es la contratación pública, que mueve mucho dinero. Actualmente estamos tratando de introducir en la compra pública municipal elementos para poder discriminar a empresas que violan los derechos humanos o laborales en su cadena global de producción, propia o subcontratada.

Hace unos años hablaba de “anticooperación”. ¿Todavía utilizaría este concepto?

Sí, pero hay una tendencia que se profundiza. Si antes realizábamos un análisis de la situación de la globalización a partir de la asimetría norte-sur, ahora este enfoque se vuelve borroso. El norte y el sur se van hibridando geográficamente, con bolsas de pobreza en los países del norte y clases medias emergentes pero numerosas en el sur, como por ejemplo en China.

Pero lo que sí sigue siendo cierto es que los flujos y los efectos de las ayudas en cooperación no son los únicos que se deben tener en cuenta para entender las situaciones de pobreza, más aún en ciudades globales como Barcelona, sino también algunas de las políticas internacionales —económicas, ambientales, culturales, migratorias— que las están provocando. Una administración puede estar desplegando los objetivos de desarrollo sostenible con una mano, y con la otra, promoviendo centros de depuración de inmigrantes en el norte de África. Estas políticas son la anticooperación, y se tienen que abordar.

Como ya he dicho antes, ahora mismo tenemos que contar con que el 99,3 % de lo que hace Barcelona es tan o más importante a nivel de justicia global que el 0,7 % de ayudas.

Y para acabar, ¿qué llevó al activismo a un licenciado en física?

En la facultad de física nos movilizamos para enviar camiones con patatas en la época de la guerra en los Balcanes, momento en el que nace mi dirección en el Ayuntamiento. Después seguimos con las movilizaciones del 0,7 %, y la vida me cambió definitivamente con la experiencia de un año y medio en un barrio marginal de Nicaragua. La historia es muy larga…

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